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jueves, 12 de enero de 2017

Religiosidad = Ceguera Espiritual

Muchos consideran que la Carta a los Romanos es el Evangelio de Dios. Ciertamente, su composición recoge la profundidad del pensamiento teológico del apóstol Pablo, a la luz de sus convicciones sobre la Escritura y el cumplimiento de las promesas de Dios en Cristo Jesús. En ella, encontramos una disertación reiterada sobre la lucha que Pablo ha venido arrastrando, en contra de la práctica de los preceptos de la Ley de Moisés. Esto, como parte de la insistencia de judíos inconversos y algunos ya convertidos, que insisten en conservar sus tradiciones religiosas, en medio de una abrumadora expansión de la Iglesia cristiana alrededor del mundo. La discusión que nos ocupará en esta reflexión, está estrechamente relacionada con la lucha antes mencionada. El apóstol Pablo tuvo que luchar constantemente contra los judaizantes, y como él, los cristianos de todos los siglos hasta hoy tenemos que librar esa lucha.
Hoy día no basta con dedicarnos al estudio de la Palabra de Dios para predicar el evangelio, pues es necesario que nos instruyamos también en lo que plantean las religiones que proliferan a nuestro alrededor, para poder contrastarlas con el mensaje del evangelio y fortalecernos en la defensa de nuestra fe. El judaísmo sigue siendo una realidad en medio nuestro, pero mayormente promovido por “judeocristianos” que al igual que en los tiempos de Pablo, en nuestros días pretenden conservar y fomentar sus tradiciones religiosas, imponiéndoselas a los cristianos que de alguna manera llegan a ellos. Por eso analizaremos el capítulo 10, versículos 1 al 13, de la carta a los Romanos, donde Pablo discute y contrasta la justificación y la salvación por la fe y no por las obras que demanda la Ley.  Trabajaremos de forma detallada y profunda cada uno de los versículos de la porción escritural seleccionada, para luego llegar a conclusiones y contextualizarlas a nuestra realidad.
Por siglos, la carta a los Romanos ha causado revuelo en el pensamiento teológico de los creyentes, y ha tenido un rol protagónico en los postulados de fe de los más grandes pensadores del cristianismo. Llama a nuestra atención el capítulo 10, que en sus primeros 13 versículos, encontramos los postulados de la justificación por la fe, inspirados en el apóstol Pablo por su continua lucha con los judaizantes y las obras de la Ley. Es menester de la iglesia considerar estos planteamientos detenidamente, pues tal parece que en este tiempo, también tendremos que luchar con tal amenaza y por eso elegimos esta porción bíblica. Estaremos haciendo referencia al la Nueva Versión Internacional (1999) de la Biblia, versión que no contiene las más recientes (y controvertidas) modificaciones de esta traducción.   
El primer versículo del capítulo 10 de la carta a los Romanos comienza diciendo: “1 Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los Israelitas, es que lleguen a ser salvos”. Es evidente que estas primeras palabras están dirigidas a los gentiles. A pesar de la lucha que a tenido que librar en contra de los judaizantes, y a favor del cristianismo, el apóstol Pablo expresa su pesar por aquellos que son sus hermanos y no recibieron a Jesús como Mesías. Sus palabras sientan las pautas de cuál debe ser nuestra responsabilidad para con ellos, de quienes nació nuestro Señor y Salvador. Su lucha es contra sus creencias, no contra ellos, porque son sus hermanos. Como está en juego la salvación de su pueblo, esto le afecta muy profundamente e intercede por ellos (Kuss, 1976, p. 133). Me parece interesante el planteamiento de Barclay (1999), que aunque es cónsono con el de Kuss, añade una perspectiva de cómo los judíos pueden recibir este mensaje, diciendo: "Pablo ha estado diciendo algunas cosas muy duras de los judíos; cosas que a ellos les resultaría desagradable oír, y más aún reconocer. Todo el pasaje de Romanos 9 al 11 es una condenación de la actitud religiosa de los judíos. Sin embargo, desde el principio hasta el fin no hay ira, sino anhelo y ansiedad cordiales. Lo que Pablo desea por encima de todo es que los judíos se salven." (Barclay, 1999, p. 63).
En el versículo 2, Pablo continúa diciendo: “2 Puedo declarar a favor de ellos que muestran celo por Dios, pero su celo no se basa en el conocimiento”. Los judíos creían fielmente en las estipulaciones de la Ley de Moisés, y creían que la salvación sólo era posible haciendo lo que Ella demandaba. Y hasta cierto punto tenían razón. El problema radica en que ellos nunca desarrollaron una relación afectiva con Dios, ni entendieron que la Ley era sólo una representación de la verdadera salvación que llegaría a consumarse en el Mesías prometido. Pero como Jesús no se manifestó según lo que ellos esperaban que fuera su salvador, entonces no lo aceptaron. El concepto de un salvador en la cosmovisión de ellos, no armonizaba con el Salvador profetizado en las Escrituras. Ellos esperaban un salvador como el rey David, que los librara del yugo de Roma y restableciera el reino de Israel. Que de hecho, la Escritura establece que ese salvador vendría de su simiente (Jeremías 23:5-6), y así fue, pero el reino que venía a establecer era el reino de Dios, no el de los hombres. En esto está de acuerdo Pérez (2011) al señalar lo siguiente:
"Los judíos eran celosos de las cosas de Dios y más concretamente de las formas legales, porque no tenían un conocimiento pleno de lo que Él demandaba. Era un celo ciego, mal orientado, envuelto en fanatismo religioso. Para ellos el camino de salvación que Dios había establecido no era suficiente (Miqueas 6:8). Habían cambiado el plan de Dios por su sistema religioso (Isaías 29:13). Su mayor problema consistía en la abierta oposición, incluso lucha, contra el Salvador (Hechos 26:9–11). Una situación semejante se produce en todos los que desean honrar la doctrina, pero ignoran al Dios de la doctrina. Hay muchos creyentes que son celosos de su denominación, de su historia, de sus tradiciones, de su forma de entender la santidad, pero ignoran absolutamente el amor y la comunión, que son demandas esenciales y mandatos concretos establecidos por Dios (Juan 13:35; Efesios 4:3). Celosos del sistema, viven cargados con preceptos y cargan con ellos a quienes Dios ha hecho libres. Son los que cuelan el mosquito y dejan pasar el camello (Mateo 23:24). Esta es una de las formas habituales de conducta en el legalista. Miran con minuciosidad el literalismo de la Palabra, pero desconocen la realidad espiritual de la misma. Están interesados en asuntos externos de poca o ninguna importancia. Hacen énfasis en el modo de vestir, conforme a lo que ellos entienden que la Biblia demanda, en el modo de expansión lícita, en los lugares a donde se debe o no asistir, al modo de llevar a cabo el culto, a los cánticos que se deben cantar en la congregación y, en fin, a todo cuanto no tiene verdadera importancia delante de Dios, pero que da un aspecto piadoso al que lo practica, mientras abandonan la parte más importante de la vida cristiana que es el amor a los hermanos. Mantienen tozudamente las tradiciones heredadas de los antiguos, pero no avanzan en el camino de la comunión. Son capaces de revolver cielo y tierra para hacer las cosas como siempre se hicieron, pero incapaces de guardar con solicitud la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:3)." (Pérez, 2011, p. 661). En otras palabras, la ceguera de los judíos es a causa de su celo (fanatismo religioso), porque en realidad nunca entendieron que la demanda de Dios era la comunión en amor.
Todo esto se ratifica en el versículo 3 donde dice: “3 No conociendo la justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios”. Esta expresión confirma el hecho de que los judíos no entendían a Dios porque no tenían comunión con Él. Ellos nunca entendieron que Dios les escogió para darse a conocer al mundo, pero al igual que otros pueblos, creían tener un Dios exclusivamente para ellos. Se adueñaron de Dios e idealizaron la “manera correcta” de buscarle y serle fiel, y creían que sus obras los hacían merecedores de su favor. Nunca aceptaron otra manera de acercarse a Dios, y como Jesús retó todo su sistema religioso, no podían ver en Él la justicia de Dios. Wenham, Motyer, Carson y France (2003) nos arrojan un poco más de luz al respecto cuando exponen lo siguiente:
"En Romanos 10:1-4 Pablo explica con mayor detalle este “tropiezo” de los judíos en Jesús. Después de reafirmar su profundo anhelo por la salvación de sus hermanos y hermanas judíos (ver Romanos 9:1-3), Pablo destaca la falla de los judíos en no tener un conocimiento de los caminos y los propósitos de Dios que sea comparable a su indiscutible celo. Utilizando la imagen de la carrera vista en Romanos 9:30-33, Israel corría afanosamente, pero no se dirigía hacia la verdadera línea de llegada de la carrera. Esa línea de llegada es la justicia de Dios, y como en Romanos 1:17 y en 3:21-22, se refiere a la acción de Dios de colocar a las personas en una relación correcta con Él. Concentrados en la persecución de su propia justicia, la justicia que viene por obras (Romanos 9:32) y por la ley (Romanos 10:5), los judíos no se han sometido a, ni han querido aceptar en fe, la manera en que Dios relaciona a las personas con Él. La preocupación de los judíos por la ley es, una vez más, el problema subyacente, como lo implica Pablo en el v. 4; porque no han llegado a comprender que Cristo es en sí mismo la “culminación” de la Ley." (Wenham, Motyer, Carson, & France, 2003, p. 555)
El versículo 4, como bien menciona el comentarista, trabaja con el aspecto del cumplimiento de la ley en Cristo cuando dice: “4 De hecho, Cristo es el fin de la Ley, para que todo el que cree reciba la justicia”. Aquí el apóstol Pablo establece que la única finalidad de la Ley, era conducir a Israel a Cristo, la manifestación excelsa de la justicia de Dios, adjudicada por fe, y no por obras. “El fin de la Ley, puede significar la “meta” o “climax” al cual apunta la Ley” (Keener, 2003, p. 443).  Kuss (1976) nos lo explica detalladamente al decir: "El camino de los judíos con la Ley podía parecer legítimo; pero ahora ha quedado patente que la fe es el fundamento exclusivo de la salvación. El hombre no puede hacer nada decisivo por sí solo; debe someterse a la acción de Dios, si es que quiere alcanzar su salvación. Cristo y solo Cristo, ése es el auténtico contenido de la predicación del apóstol. Ello incluye un supremo esfuerzo del hombre, aunque tal esfuerzo no pueda fundamentar la menor pretensión." (Kuss, 1976, p. 133)
En el versículo 5, Pablo cita a Moisés para dar énfasis al contraste de la justicia que viene por la fe, y las obras de Ley al decir: “5 Así describe Moisés la justicia que se basa en la ley: «Quien practique estas cosas vivirá por ellas.»”. Es decir, según la Ley de Moisés, para ser considerado justo delante de Dios y conservar la vida, hay que ser obediente a sus mandamientos. Pero cuando decidimos recibir a Jesús como Salvador, creyendo que por su sangre Dios nos considera justos, recibimos por gracia el don de la vida, que nos motiva a vivir sometidos a su voluntad. Barclay (1999) no pudo haberlo explicado mejor, al decir: "Los judíos estaban convencidos de que adquirían crédito con Dios mediante la obediencia a la Ley. Lo que mejor revela la actitud judía son las tres clases en que dividían la humanidad: Había personas que eran buenas, cuyo balance era positivo; había otros que eran malos, cuya vida arrojaba un balance de deuda, y había quienes estaban en medio, que serían buenos si hicieran una buena obra más. Todo era cuestión de ley y mérito. A esto contesta Pablo: «Cristo es el final de la Ley», lo que quiere decir que es el final del legalismo. La relación entre Dios y el hombre ya no es la que existe entre un acreedor y un deudor, entre un asalariado y un patrono o entre un juez y un acusado. Gracias a Jesucristo, el hombre ya no está en la posición de tener que satisfacer la justicia divina; sólo tiene que aceptar Su amor. Ya no tiene que merecer el favor de Dios, sino solamente tomar la Gracia y el amor y la misericordia que Dios le ofrece gratuitamente. Para demostrar su argumento Pablo cita dos pasajes del Antiguo Testamento. En primer lugar, Levítico 18:5, donde se dice que el que obedezca meticulosamente los mandamientos de Dios encontrará la vida. Es verdad, pero nadie ha podido." (Barclay, 1999, p. 64)
En los versículos 6 y 7, Pablo explica el contraste de la Ley al decir: “6 Pero la justicia que se basa en la fe afirma: «No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?” (es decir, para hacer bajar a Cristo), 7 o “¿Quién bajará al abismo?”» (es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).” En otras palabras, el creyente debe aceptar por fe lo que Dios ha hecho, confiando y esperando en sus promesas. Cualquier otra cosa que intentemos hacer, fuera de lo que Dios ha dicho, es en vano. El planteamiento de Barclay sobre el versículo 5 continúa hacia los versículos 6 y 7, explicando la afirmación de Pablo, y dice: "Luego cita Deuteronomio 30:12s. Dice Moisés que la Ley de Dios no es inasequible o imposible: está en la boca, en la mente y en el corazón del hombre. Pablo toma ese pasaje en sentido alegórico. No fue nuestro esfuerzo el que trajo al mundo a Cristo o Le resucitó. No es nuestro esfuerzo lo que nos reconcilia con Dios. Dios lo ha hecho por nosotros, y no tenemos más que aceptarlo y recibirlo." (Barclay, 1999, p. 64). Analizando este mismo pasaje, Stanley (2003) nos ofrece otra manera de explicarlo, al afirmar que “Cristo no necesita ahora descender del cielo para morir en la cruz. Él ya ha venido y muerto por nuestros pecados. Él no necesita ser resucitado de los muertos; ha sido resucitado ya. Todo está hecho: está consumado.” (Stanley, 2003, p. 98).
El planteamiento de Pablo continúa en los versículos 8 y 9 al decir: “8 ¿Qué afirma entonces? «La Palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón.» Esta es la palabra que predicamos: 9 que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.” Aquí, luego de reprochar los cuestionamientos legalistas e incrédulos, Pablo descifra la ilustración que hizo al citar el pasaje de Deuteronomio 30, ya en el versículo 14, donde hace constar que en Jesucristo se cumple ese precepto por la fe en Él, que es la Palabra de Dios encarnada. Carballosa (1994) enfatiza el aspecto de la fe al decir: "La expresión “creyeres en tu corazón” ser refiere a una fe genuina, no sólo a una comprensión intelectual sino a una aceptación plena. La resurrección de Cristo de los muertos es un acontecimiento histórico y fundamental para la salvación. La resurrección de Cristo habla de su santidad absoluta y del carácter perfecto de su obra salvadora. Porque Él vive, es capaz de dar vida a quien cree en Él. “Serás salvo”. La referencia es, sin duda, a la salvación espiritual. Obsérvese además que la salvación es algo personal: el individuo tiene que confesar que Jesús es Dios y creer que Él vive para salvar. Quien hace eso de manera personal, recibe personalmente el regalo de la salvación."(Carballosa, 1994, p. 211)
El versículo 10 es extensivo a la discusión que venimos desarrollando, pero básicamente es la tesis de la discusión, resumida de la siguiente forma: “10 Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.” Creer con el corazón, es una fe apasionada y de gran convicción de lo que Dios ha dicho, que no admite cuestionamientos, y te provoca confesarlo. En su análisis del griego, Pérez (2011) hace una explicación más exhaustiva del versículo, y nos ilustra de la siguiente manera: "Una doble cláusula conclusiva sustenta la oración. Por un lado está la fe ejercida con el corazón. De nuevo se enfatiza una fe de entrega y no de intelecto. El creer mentalmente que Jesús es el Señor y en su resurrección, no salva a nadie. Los mismos demonios creen eso pero no se salvan (Santiago 2:19). El apóstol afirma que “con el corazón se cree para justicia”, esto es, se cree para justicia porque mediante la fe que se entrega a la obra del Crucificado, recibe la justicia de Dios por la que como pecador es justificado, abandonando toda obra humana. Con el corazón se expresa aquí la contingencia de todo ser humano en materia de salvación. Expresa el carácter existencial del hombre que, con toda decisión depone lo que es, ser-ahí y ser-así, para aceptar el ser-ahí y ser-así de Dios. De otro modo, depone su yo, para aceptar como yo el Tú de Dios, que es Cristo. Al hacerlo así, alcanza la justicia de Dios en ese acto de fe que es entrega personal. La boca expresa el testimonio de haber sido salvo. Fe y confesión van siempre juntas (Lucas 12:8). La confesión de fe es testimonio natural de quien ha creído (1 Timoteo 6:12). El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, manifiesta la realidad del asentamiento de Dios en su corazón (1 Juan 4:15)." (Pérez, 2011, p. 675)
El versículo 11 es la base escritural que Pablo usa para validar el aspecto de la salvación por fe, como una promesa de Dios basada en Isaías 28:16, que dice: “11 Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en Él no será jamás defraudado.»” El apóstol contextualiza la cita de Isaías con el propósito de Dios de salvar al mundo, no sólo a los judíos, sino también a los gentiles (Brown, 2002, p. 741).
En los versículos 12 y 13, Pablo enfatiza el hecho de que la salvación está disponible para todo el que busque a Dios y dice: “12 No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, 13 porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.» Aquí el apóstol cita a Joel 2:23 para justificar la salvación de los gentiles (Wenham, Motyer, Carson, & France, 2003, p. 557). Con el fin de finalizar nuestro análisis de la porción de la Escritura que nos ocupa, comparto las expresiones de Barclay (1999) que resume muy bien lo que hemos tratado de explicar en estos últimos versículos, y dice así: "A un judío le resultaría difícil creer que el acceso a Dios no era por medio de la Ley; este camino de la confianza y la aceptación era algo revolucionario e increíblemente nuevo para él. Además, le resultaría sumamente difícil creer que el acceso a Dios estaba abierto a todo el mundo. Le parecía que los gentiles no podían estar en la misma posición que los judíos. Así es que Pablo concluye su argumento citando dos pasajes del Antiguo Testamento como última demostración. Cita en primer lugar Isaías 28:16: «Nadie que crea en Él será defraudado.» No se dice nada de la Ley; todo se basa en la fe. Y en segundo lugar cita Joel 2:32; «Todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará.» No hay limitación aquí; la promesa es para todos; por tanto no hay diferencia entre judíos y gentiles. En esencia, este pasaje es una apelación a los judíos para que abandonen el camino del legalismo y acepten el de la Gracia. Es una apelación para que reconozcan que su celo está descarriado, y para que presten atención a los profetas que declararon hace mucho tiempo que la fe es el único camino de acceso a Dios, y que está abierto a todo el mundo." (Barclay, 1999, p. 65)
Hemos visto cómo el apóstol Pablo, de forma magistral, defiende los postulados teológicos de la fe cristiana, sin contender ni condenar peyorativamente a aquellos que están equivocados. Él identificó las debilidades de la religión judía y las usó de trampolín para enaltecer las virtudes y las fortalezas de la fe cristiana. Empleando el modelo del amor de Cristo, hace señalamientos que están fundamentados en el amor y la misericordia que caracteriza a aquellos que han sido transformados por el poder del amor de Dios. Sus expresiones no nacen de efímeros sentimientos racionales, sino del conocimiento de las Escrituras y de una experiencia de transformación integral de su carácter, al rendir su voluntad y decidir vivir como esclavo que trabaja para hacer cumplir el propósito de Dios. Es por eso que puede confrontar con autoridad a aquellos que insisten en trastornar los fundamentos de la fe cristiana, con planteamientos que no tienen una base bíblica que los sostenga, porque están basados en religiosidad.
La confrontación de Pablo es didáctica y exhaustiva, con el propósito de hacerse entender sin dejar lugar a dudas. Si hay alguien de entre los judíos que puede interpretar bien las Sagradas Escrituras, es Pablo, fariseo de pura sepa. Siendo judío, ha concluido de forma meridiana que los judíos andan perdidos en el espacio, puesto que embebidos en su religiosidad, nunca se dieron a la tarea de escudriñar las escrituras y entender los propósitos de Dios. Sólo estaban preocupados por cumplir con lo que habían aprendido, con el fin de disfrutar los beneficios de sus sacrificios. Ellos nunca entendieron ni aceptaron a su Mesías, quien vino para hacerles libres de la Ley, y cumplió todo lo que se había profetizado de Él. Sus costumbres y tradiciones eran más importantes que lo que Dios había dicho y esperaba de ellos. Por eso el apóstol reiteradamente citó porciones de sus escrituras sagradas, en su ejercicio de hacerles entender que el cumplimiento de todo lo que demandaba las obras de la Ley se cumplieron en Cristo, y ya no había que hacer nada más que recibirle y confesarle. Para nosotros los cristianos, debe quedar totalmente claro que el único camino a la salvación es Cristo Jesús.
La Iglesia Cristiana contemporánea tiene mucho que aprender del apóstol Pablo como modelo de Cristo. Al igual que los judíos, nos hemos adueñado de Dios y de la Iglesia. Hemos abandonado la Palabra de Dios para aferrarnos a nuestras costumbres y tradiciones, que en muchos casos son utilizadas para atormentar, señalar, condenar, criticar, alejar y señorear sobre los demás. Es más importante lo que proyectamos ante los demás que lo que realmente somos. Nos hemos convertido en fariseos hipócritas sin amor ni misericordia, afanados en la obra de Dios, sin contar con el Dios de la obra. Es hora de volver a Cristo, desechar los odres viejos para que Dios pueda insertar el vino nuevo que ha separado para este tiempo. Algunas de nuestras tradiciones actúan como piedra de tropiezo al cumplimiento del propósito de Dios.
Estamos empecinados con tal arrogancia en limitar a Dios y obligarlo a que se manifieste como nosotros queremos o entendemos que debe hacerlo, y si vemos que las cosas no ocurren tal cual, entonces lo ocurrido no es de Dios. Después no entendemos por qué las iglesias se vacían. Es que como queremos hacer todo a nuestra manera, pues Dios decide dejarnos hasta que nos demos cuenta que estamos solos, por las consecuencias de nuestras malas decisiones. Sólo así decidimos humillarnos y buscar su rostro. Esas consecuencias nos deben llevar al arrepentimiento y a la sumisión a su voluntad, para que podamos ser levantados de nuestra caída, abandonando todo lastre de religiosidad y convertirnos en adoradores que le busquen en espíritu y en verdad y decidamos ser esclavos como Pablo. Es hora de ponernos las pilas, enderezarnos y capacitarnos para que podamos ser instrumentos útiles en las manos de Dios.
Como en tiempos de Pablo, nuestro mayor reto será continuar ganando terreno con el evangelio de Cristo. Pero hoy más que nunca debemos estar listos para defender lo que creemos, no sólo con el conocimiento que podemos adquirir, sino con el testimonio que predicamos con nuestras acciones más que con palabras (los frutos del Espíritu). Es imposible que podamos convencer a la gente, ese trabajo lo hace el Espíritu Santo de Dios, en aquellos que deciden ser espejos limpios en los que la luz de Cristo pueda brillar sin obstáculos, sin manchas. Esto sólo se logra cuando hemos decidido negarnos a nosotros mismos y rendimos nuestra voluntad a Dios, muestra de que le amamos y creemos en sus promesas, y así dar testimonio de Cristo, por quien recibimos la adjudicación de justicia y la salvación. A semejanza de Pablo, como Iglesia, debemos cuidar de aquellos que Dios va añadiendo a su redil. Que confiesen a Jesús como su Salvador, es sólo el principio de la jornada. Nosotros debemos mostrarles el camino y ayudarlos a caminar para que crezcan y maduren en Dios, hasta que ellos también estén preparados para ayudar a otros. Pero todo esto es en vano sin la verdadera fe, aquella que nace del corazón.
Eduardo Figueroa Aponte

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Si Dios te ha elegido, no huyas...

En la historia de Dios, los profetas siempre han jugado un papel protagónico. Y es que por medio de ellos, se propuso revelar a su pueblo los acontecimientos que han de tener lugar en el futuro inmediato, cercano o lejano. Estas revelaciones pueden ser motivadas por varias razones: la apostasía y un llamado al arrepentimiento; anuncio de condenación a los enemigos de Dios; el anuncio del cumplimiento de lo que Él había advertido que acontecerá a los desobedientes; y el cumplimiento de las bendiciones que han de manifestarse por causa de sus promesas. Sin embargo, el ministerio de los profetas del Antiguo Testamento nunca fue tarea fácil.  El contexto histórico bajo el cual se desarrollaron estos ministerios, era uno lleno de peligros, especialmente por el riesgo de perder la vida, mientras se estaba cumpliendo con un mandato (voluntad) de Dios. Para esto, había que tener agallas, y sobre todo amar a Dios de todo corazón, que implica (obediencia). No obstante, aunque realmente amemos a Dios de todo corazón y seamos obedientes, nuestra humanidad nos traiciona y terminamos en desobediencia, especialmente cuando tenemos miedo, o porque lo que Dios quiere que hagamos no se parece a lo que realmente quisiéramos hacer.
Tal fue el caso del profeta Jonás, a quien Dios escogió para llevar su mensaje de condenación, contra la maldad del rey de Asiria, quien había levantado su voz con blasfemia y vituperio contra Jehová y se atrevió a tomar las ciudades fortificadas de Judá. Jonás no vio con buenos ojos esta encomienda, pues sabía que mensaje podía provocar el arrepentimiento de los habitantes de Nínive y que Dios los perdonara.  Y es que el más grande deseo de Jonás era que ellos fueran destruidos a causa de su maldad. Las motivaciones de Jonás estaban enraizadas en el legalismo religioso que caracterizaba a los judíos, que no les permitía entender el amor y la misericordia de Dios para con todos (sus adversarios), cuando ellos mismos en muchas ocasiones fueron perdonados por su rebeldía y maldad. Por eso tampoco entendieron que la misericordia de Dios se hizo manifiesta y extensiva al mundo, en la salvación consumada por Jesucristo, tras su sacrificio en la cruz del Calvario. Además de darle la oportunidad a los habitantes de Nínive de arrepentirse, Dios estaba confrontando al profeta con su talón de Aquiles.
El libro del profeta Jonás, no es otra cosa que la manifestación de la misericordia de Dios. Comienza ordenando al profeta que pregone la condenación que vendría sobre los habitantes de Nínive por su maldad, pero debemos entender que, cuando Dios anuncia condenación por medio de los profetas, siempre está ofreciendo una oportunidad para el arrepentimiento. Es por eso que Jonás decidió desobedecer el mandato, puesto que conociendo el “modus operandi” de Dios, prefirió no ser partícipe de la benevolencia de Jehová con los ninivitas, y decidió “huir” de su presencia. Bien debió saber Jonás que no hay forma de huir de la presencia de Dios, pero al parecer, su sed de venganza y su coraje contra los ninivitas era tal, que antes de ser canal de bendición, prefería la muerte y tal vez por eso decidió desobedecer. Y como Dios respeta nuestras decisiones, le dio espacio para que lidiara con su rabieta y se enfrentara las consecuencias de ella.
Según vemos en Jonás, el rencor es un sentimiento que alimenta la soberbia, disminuye nuestro discernimiento espiritual y nos aleja de la voluntad de Dios. A su vez, esto nos lleva a tomar decisiones motivadas por razones incorrectas que acarrean consecuencias nefastas. Entonces, al igual que el profeta, cuando nos encontramos en un callejón sin salida y presos de nuestras rebeliones, decidimos clamar a Dios e implorar por su misericordia, la misma que no queremos ejercitar con nuestros semejantes. Sin embargo, en medio de nuestro merecido infortunio, Dios atiende nuestro clamor y se apresta a salvarnos y liberarnos, como resultado de su gran amor. Sólo así aprendemos la obediencia a la voluntad de Dios, y terminamos haciendo aquello que Él nos ha encomendado. No obstante, aun cuando hemos decidido someternos a su voluntad, al igual que Jonás, muchas veces terminamos contendiendo con Dios porque hace lo que quiere, y no lo que nosotros queremos. Pero es que no acabamos de entender que los designios de Dios son perfectos y que Él obrará conforme a su propósito y para su gloria. Por eso, como Jonás, somos insertados por Dios en un escenario que nos confrontará una vez más con nuestro talón de Aquiles, para que trabajemos con él y no sea obstáculo al propósito de Dios.  Después de todo, ser elegido por Dios para que ejecutemos sus planes, es un privilegio, y sólo puede acarrear bendición.
A groso modo, hemos analizado la historia que comprende el libro de Jonás. Pero dedicaré las siguientes líneas al estudio detallado de los diez versículos que comprenden el capítulo tres. Es en este capítulo, donde luego de haber sido vomitado por el gran pez que Dios preparó para Jonás, éste decidió ir a proclamar el mensaje que Dios le dio, mediante el cual los ninivitas se arrepintieron y Dios se retractó de hacerles el mal que había dicho que les haría, porque los perdonó. Para estos efectos, estaremos utilizando la versión Reina Valera (RVR60) de la Biblia.
Los primeros dos versículos dicen así: “1 Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré”. Esta es la segunda ocasión que Jonás recibe el mandato, puesto que la primera vez él decidió desobedecer y “huir” de la presencia de Jehová. Es curioso que el relato no da detalles del mensaje que Jonás debía proclamar y da a entender que en el momento preciso, Dios iba a darle a conocer su mensaje. Podríamos inferir que Dios sabía que si Jonás llegaba a conocer el mensaje desde ese momento, podía prejuiciarse y arrepentirse de llevar acabo la voluntad de Dios. Y es que según Walton, Matthews y Chavalas (2004), “el viaje desde Jope (donde creemos que el pez dejó a Jonás) hasta Nínive era de unos 935 km. Por lo general, las caravanas viajaban entre 35 y 40 km por día para completar el viaje en aproximadamente un mes” (Walton, 2004, p. 888). Como humanos, somos muy propensos a repetir nuestros errores, pues el deseo de nuestra carne siempre estará contra el espíritu y viceversa, para que no hagamos lo que queremos, según Gálatas 5:17. Jamieson, Fausset y Brown (2003), Dios no le dio el mensaje en esta ocasión, porque “esto es para mostrar cuán libremente se da a sí mismo, en el espíritu de la obediencia incondicional, para hablar todo lo que a Dios plazca” (Jamieson, Fausset, & Brown, 2003, pp. 1,032). El caso es que esta vez, Jonás decidió obedecer.
Continúa el versículo tres diciendo: “Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino”. Algunos afirman, que “Jonás predicó en Nínive a la fuerza” (La Casa de la Biblia, 1997, p. 344). Sin embargo, su oración o cántico de gratitud a Dios, desde el vientre del gran pez por su salvación, infiere un cambio de actitud por su arrepentimiento. Los tres días de camino que le tomaría a Jonás recorrer la ciudad con su mensaje, debió incluir todos los lugares públicos de la ciudad, gran parte de las doce zonas de puertas y las zonas del templo, en las mejores horas para hacer anuncios importantes (Walton, 2004, p. 888). Es interesante el planteamiento suspicaz de Schokel (1980), al expresar que “surge un paralelismo: los tres días o jornadas de recorrido a pie con los tres días en el monstruo. ¿Tiene la ciudad algo de monstruosa, capaz de devorar al profeta?, ¿O sólo parece el ser grande (el adjetivo favorito del libro)? (Schokel & Sicre Díaz, 1980, p. 65). Y es que a Nínive se le ha conocido como una ciudad espeluznante, principalmente por sus crueldad y opresión.
Sigue el relato en el versículo 4 al decir: “Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.” Vale la pena hacer un paréntesis aquí para contrastar el versículo anterior, que afirma que se necesitaban tres días para recorrer Nínive, a diferencia de éste, que establece que Jonás predicó camino de un día. Y es que según Wenham, Motyer, Carson y France (2003), en Nínive “se necesitaban tres días para que un forastero hiciera una visita apropiada”, ésta visita incluiría cierta burocracia aplicada a embajadores y visitantes reales, que en el caso de Jonás se gestionó sólo la parte del primer día del programa como embajador, pues los profetas representaban a un dios, y disfrutaban de cierta inmunidad diplomática (Wenham, Motyer, Carson, & France, 2003, pp. 1,831).
Así que según lo antes expresado, debemos entender que los tres días mencionados implicaban los procesos burocráticos de las visitas oficiales, y no que la ciudad tuviera tal extensión territorial que tomara tres días de camino. Pero en cuanto al mensaje que pregonó Jonás, es curioso que en el relato no se registre el momento en que Dios le reveló tal mensaje al profeta. Pero no es menos curioso que el cumplimiento de su profecía debía tener lugar en cuarenta días. Según Henry (1999) “Cuarenta días es mucho tiempo para que el justo Dios demore juicios, pero es poco para que un pueblo impío se arrepienta y se reforme (Henry, 1999, p. 710).
Pero hace mucho sentido la interpretación de Schokel al decir que “La última palabra del mensaje, “arrasada” o destruida, despierta un eco conocido en el término con que los profetas se refieren a Sodoma y Gomorra, y los recuerdos inducen al sentido de catástrofe, mientras Jonás resulta un poco como Abrahán; ¿Habrá escapatoria? ¿Habrá cincuenta justos?...” (Schokel & Sicre Díaz, 1980, p. 66). Así que bien pudiera ser ésta la razón por la cual los ninivitas creyeron a Dios y se arrepintieron, como vemos en el versículo cinco que dice: “Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos”. Ciertamente debieron estar consientes de lo que afirma Schokel, además de la experiencia que vivieron cuando acamparon en contra del rey Ezequías en Jerusalén, en la que fueron heridos de muerte miles de soldados asirios por el ángel de Jehová, por lo que el restante de ellos se volvieron a Nínive junto a su rey Senaquerib. También se dice que los asirios habían experimentado circunstancias terribles que pudieron haber influido en su arrepentimiento, a saber: “la invasión por un enemigo, un eclipse total de sol; hambruna y una epidemia; y una inundación grave” (Wenham, Motyer, Carson, & France, 2003, pp. 1,832). Así que según esto debían estar algo sensibles y a la vez temerosos de volver a sufrir, o más bien desaparecer.
Así que tal amenaza proveniente del Dios de Israel debió sacudir al rey de Nínive, para provocar lo que quedó registrado en el los versículos del seis al ocho, que dice: “Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?”. Es interesante la reacción del rey al recibir la noticia, pues estaba muy consciente de la maldad y la violencia que dominaban su ciudad, y aunque el mensaje nunca denunció cosa alguna por el cual vendría la destrucción, ciertamente debían estar conscientes de su injusta manera de vivir.
Seguramente, era la primera vez que un Dios, les enviaba una sentencia de muerte y decidieron humillarse delante de Él, auscultando la posibilidad de apaciguar la ira del Dios de Israel. Y la mejor forma de hacerlo, era la que conocían como parte de las costumbres de los pueblos de la época. Por lo tanto, esto representa un verdadero acto de arrepentimiento y acto de fe, pues decidieron abandonar sus malas prácticas y apartarse de sus malos caminos, sometiendo hasta a los animales a la humillación, aun cuando no tenían base o fundamento alguno que les motivara a esto (Jamieson, Fausset, & Brown, 2003, pp. 1,033). Seguramente esta experiencia servía de enseñanza, como sugiere Young (1977), cuando dice que “la misión de Jonás sirve para hacerles ver a los Israelitas el hecho de que la salvación de Jehová no era exclusiva para una nación. Israel era el siervo que había de llevar el conocimiento de Jehová al mundo” (Young, 1997, p. 282).
Por eso encontramos en el versículo diez un revés a los deseos de Jonás, al registrar que los ninivitas son perdonados por Dios cuando dice: “10 Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”. Éste fue el desenlace que tanto temió Jonás que fuera el resultado de su predicación, pues el esperaba que Nínive fuera condenada. Pero aquí se hace realidad el planteamiento del salmista cuando dijo: “al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Y es que como dice Drane (2004), el mensaje sería un correctivo del exclusivismo de muchos judíos, que al igual que Jonás, estaban dispuestos a distanciarse con tal de no compartir su fe con otros, prefiriendo la destrucción de los no judíos antes que el arrepentimiento que le proporcionara la bendición divina (Drane, 2004, p. 205).
Pese a la respuesta de los ninivitas, no debe tomarse por hecho que ellos hayan cambiado sus dioses. Esto afirman Walton, Matthews y Cavalas, al decir que “los ninivitas no se deshicieron de sus ídolos, ni mostraron gran inclinación a reemplazar a sus dioses por el Yahvé de Israel. Reconocer el poder de un determinado dios no era igual a aceptarlo como su dios único y exclusivo” (Walton, 2004, p. 889). Pero Jamieson, Fausset y Bronw afirman que “el que Dios salvara a Nínive, con las primeras señales de su arrepentimiento, alienta al penitente tímido, y enseña de antemano que la sentencia de Israel, efectuada poco después ha de atribuirse, no a la falta de voluntad para perdonar de parte de Dios, sino a la propia obstinada impenitencia de ellos”. (Jamieson, Fausset, & Brown, 2003, p. 1034). Schokel concuerda con ellos pero añade un argumento interesante al decir que Dios puede cambiar si el hombre cambia, lo que se dice de Israel vale también para los paganos (Schokel & Sicre Díaz, 1980, p. 361). Ciertamente el perdón de Dios para los ninivitas envuelve una enseñanza formidable de la misericordia de Dios, ratificada en el capítulo final, en el que Dios le recrimina a Jonás su actitud.
Ya hemos considerado cada uno de los versículos del capítulo tres del libro de Jonás. Recapitulando en los hallazgos de nuestra investigación:
  • Vimos que Jonás, habiendo experimentado una situación traumática que casi le cuesta la vida, entiende que no es posible huir de Dios, y arrepentido, en esta ocasión prefiere ser obediente a su voluntad. Y esto, sin haber recibido el mensaje que debía llevar, pues Dios se lo haría saber en algún momento.
  • A Jonás le esperaba un largo camino, y debía estar dispuesto a obedecer, cualquiera que fuera el mensaje. De haberlo conocido de antemano, tal vez corría el riesgo de prejuiciarse y volver a tomar una decisión equivocada, guiada por sus sentimientos y no conforme al propósito de Dios.
  • Se considera que existe cierto paralelismo entre la descripción de la ciudad y los tres días de camino, con su anterior experiencia en el vientre del gran pez.
  • En cuanto al mensaje, resalta la intencionalidad del plazo de cuarenta días para el cumplimiento de la profecía, que a todas luces grita la misericordia de Dios en la oportunidad para arrepentirse.
  • La pronta respuesta de los ninivitas es relacionada con el resultado de la afrenta sufrida por el ejército asirio cuando se levantó con arrogancia ante Judá, además de varias experiencias traumáticas que como ciudad habían vivido.
  • La penitencia de ayuno de hombres y animales, y el vestirse de cilicio y ceniza, revela la forma en que se humillaban los pueblos antiguos, buscando el favor de sus dioses. En este caso, ante la amenaza del Dios de Israel, esperaban tener una oportunidad dentro del plazo establecido.
  • Dios los perdonó y no fueron destruidos, lo que sirve de moraleja al pueblo de Dios, que creían tener un Dios exclusivo que sólo los debía salvar a ellos, pero el deber de ellos como pueblo era dar a conocer al Dios que salva a las naciones.
El mensaje del capítulo tres del libro de Jonás, nos confronta con nuestra naturaleza humana, que tiende a rehusarse a la voluntad de Dios, porque con regularidad no se parece a lo que nosotros queremos o esperamos. La realidad es que cuando esa naturaleza nos domina, estamos teniendo serios problemas en nuestra relación con Dios. La mayoría de las veces que esto pasa, es que no hemos decidido negarnos a nosotros mismos, postrando todo lo que somos y lo que tenemos a los pies de la cruz, para que Él nos dirija, trace nuestro camino y haga cumplir su propósito en nosotros. Por eso, Dios permite que nos rodeen las tempestades en las que decidimos navegar, porque la furia de ellas nos recuerdan que sin Él nada somos, y que en Él hay plenitud de gozo y delicias a su diestra para siempre.
Muchas veces nos sentamos a esperar que Dios nos de todos los detalles de lo que será nuestro caminar en Él, cuando la mayoría del tiempo no nos conviene saberlo. Sin saber los detalles somos expertos poniéndole trabas a Dios en el plan que a diseñado para nosotros, imagínense si llegamos a saberlo todo… Lo ideal es renunciar al yo, y ponernos en las manos de Dios para que nos use como Él quiera. No son pocas las veces que Dios nos envía a lugares a los que no queremos ir, o a personas con las que no quisiéramos tratar. Pero lo hace para que derrotemos los límites que con frecuencia ponemos en nuestras mentes y corazones, que son piedras de tropiezo en la transformación que Él quiere hacer en nosotros y en el plan de trabajo donde nos quiere insertar. Nada puede hacer a los hombres más felices que vivir en el centro de la voluntad de Dios. Pero esto implica el abandonar nuestros viejos prejuicios y estar dispuestos a trabajar con las nuevas herramientas que Dios quiere poner a nuestra disposición. Él quiere depositar el vino nuevo en odres nuevos. Fuimos llamados para ser instrumentos y servir al plan de Dios, no a servirnos conforme al nuestro. Dios está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, aquellos que no sean piedras de tropiezo y sí instrumentos de bendición.
Referencias
Drane, J. (2004). Introducción al Antiguo Testamento. Barcelona, España:           Editorial Clie.
Henry, M. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry . Terrassa, Barcelona: Editorial CLIE.
Jamieson, R., Fausset, A. R., & Brown, D. (2003). Comentario Exegético Explicativo de la Biblia Tomo I: El Antiguo Testamento. El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones.
La Casa de la Biblia. (1997). Comentario al Antiguo Testamento II. Navarra, España: Editorial La Casa de la Biblia.
Schokel, A., & Sicre Díaz, J. L. (1980). Profetas II; Ezequiel * Doce Profetas Menores * Daniel * Baruc * Carta de Jeremías. Madrid, España: Ediciones Cristiandad.
Walton, M. C. (2004). Comentario del Contexto Cultural de la Biblia Antiguo Testamento. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.
Wenham, Motyer, Carson, & France. (2003). Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.
Young, E. J. (1997). Una Introducción al Antiguo Testamento. Grand Rapids, Michigan: Editorial Wm B. Eerdmans Publishing Co.

viernes, 21 de octubre de 2016

El deber el cristiano, ante la locura del mundo...

El apóstol Pablo, en su primera carta a los corintios, comenzó amonestando a esa comunidad de fe, porque había cierta rivalidad entre ellos.  Según sus planteamientos, la causa de la rivalidad yacía en que cada bautizado seguía al líder que lo bautizó y defendía la retórica del mismo. Debemos estar conscientes de que la ciudad de Corinto era una de las plazas más importantes para la exposición y exaltación del pensamiento filosófico de la época, donde cada filósofo tenía sus seguidores, y los nuevos creyentes estaban influenciados por esa modalidad. El apóstol les reprochó esta costumbre porque a quien único debían seguir y exaltar era a Cristo. Por eso dio gracias a Dios de no haber bautizado a muchos porque, a pesar de eso, había quienes decían que eran seguidores de él.
Pero queriendo reafirmar y aclarar cuál era su deber dijo: "Pues Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio y esto sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia. Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.  Pues está escrito: <Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes.>  ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo? Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana. Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse. Pero gracias a él ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría -es decir, nuestra justificación, santificación y redención- para que, como está escrito: <Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor.>" (1 Corintios 1-17:31 NVI).
Tengamos presente que aquí los judíos son el pueblo con el que Dios hizo su antiguo pacto y no recibieron a Jesús como Salvador, y los gentiles son el resto de la humanidad, o sea nosotros, que cuando aceptamos el sacrificio de Cristo, nos convertimos en beneficiarios del nuevo pacto en Su sangre. En este pasaje, el apóstol aclaró que su deber era predicar a Cristo crucificado y que el propósito del evangelio de Jesús, no tiene nada que ver con la costumbre griega de filosofar con mucha inteligencia, y ganar seguidores y aplausos.  Sino que en el mensaje que él les llevó de la cruz de Cristo, Dios quiso darse a conocer de manera muy sencilla, con pocas palabras y para la salvación de todo el que crea.  El detalle está en que muchos de los que se creen muy sabios (filosofando al estilo griego), son también muy incrédulos, y siempre buscan la manera de retar lo que otros creen y defienden, con argumentos viciados de la locura humana de este mundo y carentes de la sabiduría que viene de Dios.  El salmista dijo: "El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos. ¡Su alabanza permanece para siempre!" (Salmos 111:10 NVI).  El proverbista también dijo: "El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina." (Proverbios 1:7 NVI).  También dijo: "Confía en el Señor de todo corazón y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal.  Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser." (Proverbios 3:5-8 NVI).
Dios nos dejó dicho que la aparente sabiduría de los hombres en este mundo se convertiría en locura, y ciertamente eso es exactamente lo que estamos viendo en este tiempo.  Así que la receta del apóstol Pablo para los que hemos creído en el mensaje de salvación, es permanecer firmes haciendo aquello para lo cual el Señor nos ha llamado, ser sus testigos.  Así lo dejó establecido Jesús antes de su ascensión al cielo en presencia de sus discípulos diciendo: "Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra." (Hechos 1:8 NVI). Por eso, nuestro deber es predicar el evangelio tal cual nos ha sido revelado en la Escritura, y esto desde cualquiera de los altares que nos provee la vida para testificar lo que Dios ha hecho en nosotros, que en ocasiones, no hace falta el uso de palabras, si nos esforzamos por imitar a Jesús. Según el apóstol, lo único indispensable para cumplir este mandato, es tener el Espíritu Santo de Dios que nos capacita para esta tarea.  A través de los siglos hemos visto cómo la intervención de la "sabiduría humana" ha servido como piedra de tropiezo para el mensaje del evangelio. Así ha quedado demostrado, cuando vemos el sinnúmero de denominaciones eclesiásticas, que en vez de unificar la iglesia, la ha dividido.  ¿No es esto lo que el apóstol Pablo le reprochó a la iglesia de Corinto?
Esto evidencia la tendencia de los hombres a rechazar la sabiduría y disciplina de Dios, lo que nos convierte en necios que siguen la locura de los hombres, tal como lee el proverbio del capítulo uno que citamos hace un momento. Jesús nos ha dejado una gran comisión y una promesa cuando dijo: "Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:18-20 NVI).  Si esto es así, entonces ¿por qué dudamos tanto y no obedecemos?  Ya Dios nos ha dicho que nos escogió a nosotros los "insensatos, débiles, lo más bajo y despreciado" para llevar el mensaje, porque la gloria debe ser única y exclusivamente para Él. Por eso frustró la sabiduría de los hombres, para que sepan que la verdadera sabiduría está en Dios. Además, en este pasaje Jesús prometió que si obedecemos a lo que se nos ha enseñado, Él estará con nosotros hasta el fin del mundo.  Entonces, ¿por qué tememos?
Así que tenemos el deber de llevar el mensaje del evangelio, hacer discípulos, bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñarles a obedecer.  Estos deberes nos acompañan a TODOS los cristianos desde que aceptamos a Jesús como Señor y Salvador nuestro, sin distinción de personas. Quiere decir, que esto no es responsabilidad únicamente de aquellos que reconocemos como líderes en la iglesia (pastores, diáconos, evangelistas y ministros de la música), es un deber de TODOS. Por lo tanto, no hay excusas, porque todo el que ha recibido a Jesús ha sido sellado con el Espíritu Santo, quien nos ciñe del poder que Él prometió para que seamos testigos.  Y aquí es necesario señalar que la palabra que se tradujo al español como "testigos", en el griego, idioma original del Nuevo Testamento, es la palabra es "μάρτυρες", que significa (mártires).  ¿Y qué significa esto? Para dejarlo meridianamente claro, miremos la definición que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española: "Persona que padece muerte en defensa de su religión; Persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones; Persona que se sacrifica en el cumplimiento de sus obligaciones."  Entonces ¿a qué nos envió Jesús? ¿A encerrarnos en nuestros templos para gozarnos de su presencia y vivir enajenados de nuestra obligación con el mundo?
NO, sino a llevar su mensaje en palabra y obra dondequiera que Él nos lleve en este mundo, cueste lo que cueste.  Sí, un cristiano debe ser capaz de proclamar su fe y dar testimonio de lo que Dios ha hecho en su vida bajo cualquier circunstancia.  Jesús padeció hasta la muerte siendo inocente, y si nos consideramos sus discípulos y aspiramos a llegar a ser como Él, entonces debemos estar dispuestos a padecer (crítica, burla, menosprecio, acoso, persecución, difamación, traición, abandono, desprecio, injusticia, engaño, maltrato, abuso, agresión, etc.) y hasta morir, porque también resucitaremos a semejanza suya, e iremos a su morada habiendo cumplido con el propósito de Dios. Así lo dejó establecido el apóstol Pablo en su carta a la iglesia de Filipos diciendo: "La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por lo contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre." (Filipenses 2:5-11 NVI). Así que ¿quiénes somos nosotros para pretender defender nuestra propia justicia cuando sufrimos por causa del evangelio? Si Dios se humilló a sí mismo para salvación nuestra, debemos ser capaces de ofrendar hasta nuestra vida si es necesario, para que Su nombre sea glorificado.  La palabra traducida al español como "siervo", en el griego es "δούλου", que significa (esclavo).  Por lo tanto, si nos proclamamos esclavos de Jesús, como Él se hizo esclavo del Padre, nuestro deber es obedecer como todo esclavo a su señor. Sé que esta palabra puede sonar dura, pero es la verdad. El tiempo para alimentarnos de la leche se acabó, es tiempo de ser fortalecidos con alimento sólido para soportar las pruebas que se avecinan, y poder vencer.
Es por esto que el apóstol Pablo en su segunda carta a Timoteo le dijo: "En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio." (2 Timoteo 4:1-5 NVI). Aquí el apóstol Pablo reiteró su reproche a la sabiduría humana, que reina hoy más que nunca y está dirigida a sus propios deseos, por lo que no toleran la corrección de Dios como Padre.  Este pasaje concuerda con lo que también el apóstol Pedro testificó junto a los demás apóstoles delante de las autoridades de su tiempo, que les juzgaban diciendo: "Terminantemente les hemos prohibido enseñar en ese nombre. Sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y se han propuesto echarnos la culpa a todos de la muerte de ese hombre. -¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!- respondieron Pedro y los demás apóstoles." (Hechos 5:28-29 NVI). Así que aunque la locura de las autoridades de este mundo nos quiera imponer la ley del silencio, estamos obligados a cumplir con la Ley de Dios, cueste lo que cueste.
Para este tiempo fuimos llamados hermanos, la Iglesia es el cuerpo de Cristo en la tierra, y nuestro deber es continuar la obra que Él comenzó, no sólo en nuestros templos, sino dondequiera que el Señor nos permite llegar. Las señales de los tiempos anuncian que su regreso está cerca y debemos adelantar su reino en la tierra.  Jesús nos dejó este mensaje: "Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. Pero entiendan esto: Si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto para no dejarlo forzar la entrada. Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen. <¿Quién es el siervo fiel y prudente a quien su señor ha dejado encargado de los sirvientes para darles la comida a su debido tiempo? Dichoso el siervo cuando su señor, al regresar, lo encuentre cumpliendo con su deber. Les aseguro que lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero ¿qué tal si ese siervo malo se pone a pensar: "Mi señor se está demorando", y luego comienza a golpear a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos? El día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada el señor volverá. Lo castigará severamente y le impondrá la condena que reciben los hipócritas. Y habrá llanto y rechinar de dientes." (Mateo 24:42-51 NVI).  Así que proclamemos nuestra fe con gozo y sin temor, por encima de toda oposición, porque Dios recibirá toda la gloria y nosotros nuestra salvación.

viernes, 8 de julio de 2016

¿Fundamentalistas? Sí, Todos lo somos...

Sí, así nos llaman ahora de forma clichosa, "fundamentalistas". Resulta que, en la actualidad, los cristianos somos los intérpretes ilusorios de un libro llamado la Biblia, lleno de "fábulas y metáforas que fomentan una cultura de carácter patriarcal, homofóbica, egoísta, discriminatoria y criminal", somos los responsables de las desgracias y tragedias del mundo, y vivimos enajenados de la realidad y en el fanatismo religioso. Esa es la definición que algunos grupos y organizaciones postmodernas le han dado a la cristiandad; nada más lejos de la realidad. Ninguna fábula o metáfora de interpretación ilusoria a logrado abarcar todos los confines de la tierra con su escritura, y ningún otra obra escritural ha llegado a ser la más traducida, impresa y vendida, ni ha transformado a millones de personas como lo ha hecho la Biblia, porque en sus páginas encontramos la poderosa y verdadera Palabra de Dios, compilada durante muchos siglos de historia. El Diccionario de la Real Academia Española registra las definiciones que por el uso ha ganado este concepto de "fundamentalismo" diciendo: "Movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social; Creencia religiosa basada en una interpretación literal de la Biblia, surgida en Norteamérica en coincidencia con la Primera Guerra Mundial; Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida." Partiendo de esta definición, si se trata de una exigencia intransigente de sometimiento, entonces muchos de esos grupos y organizaciones también pecan de ser fundamentalistas, de hecho, todos lo somos. Entonces, "¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano." (Lucas 6:41-42). Una sociedad sin fundamentos ni leyes o reglas para la sana convivencia, no sería una sociedad sino, un caos. 

Todo en la vida tiene un principio, una base o un fundamento o cimiento, sobre el que se construye toda buena obra. Sin un fundamento, difícilmente habrá alguna estructura que se pueda mantener en pie o derecha. Tal fue la ilustración que Jesús usó con sus discípulos diciendo: "Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó y el desastre fue terrible." (Lucas 6:47-49).  Moisés dijo: "Él es la roca, sus obras son perfectas, y todos sus caminos son justos. Dios es fiel; no practica la injusticia. Él es recto y justo. Actuaron contra él de manera corrupta; para vergüenza de ellos, ya no son sus hijos; ¡son una generación torcida y perversa! ¿Y así le pagas al Señor pueblo tonto y necio? ¿Acaso no es tu Padre, tu Creador, el que te hizo y te formó?" (Deuteronomio 32:4-6). Por eso muchas naciones han tenido a bien fundamentar sus estructuras gubernamentales en la Palabra de Dios, la Biblia, fuente inagotable de principios y valores que garantizan el bienestar de las naciones.
El fundamento de la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) está revelado en la Biblia, la cual registra los testimonios del pueblo que Dios escogió, Israel, para darse a conocer al mundo y anunciar el nacimiento de un Salvador (nuestra Roca) que pagaría el precio por nuestros pecados para darnos vida eterna, Jesucristo. Y esta verdad no es una interpretación ilusoria o ingenua de la Iglesia, pues la Iglesia tuvo su origen en Israel y se ha expandido sobre toda la tierra tal y como predijo Jesús: "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin." (Mateo 24:14). Al día de hoy, la veracidad de la Biblia ha sido confirmada y está siendo reconfirmada constantemente por los historiadores y la ciencia, a través de los descubrimientos geológicos, arqueológicos y de la NASA, que validan cada vez más las historias milenarias registradas en ella. Así que más allá de un "fundamentalismo religioso", la Iglesia y su interpretación literal de la Biblia está tomando más fuerza que nunca antes, aunque el mundo quiera o no creer en ella. Además, cual reloj suizo, estamos viendo el cumplimiento de acontecimientos mundiales que están profetizados en la Biblia como señales de los últimos tiempos. Muchos rechazan o repudian las verdades de esta Escritura Sagrada porque, aunque en su interior creen que Dios existe, prefieren despilfarrar su vida en los efímeros placeres de la carne y el mundo. Así evitan asumir alguna responsabilidad que les prive de los deseos insaciables del pecado, que a sabiendas o sin saber les llevan a la autodestrucción y les convierte en enemigos de Dios, tal y como dice la carta de Santiago: "¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios." (Santiago 4:4). Pues bien, no se han ensañado contra la Iglesia sino contra Dios, tal y como dijo Jesús: "El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió." (Lucas 10:16). ¿Eso quieren, ser enemigos de Dios? ¡Pues adelante¡ Nadie los detiene.  Pero el fin se acerca, y hoy Dios les da la oportunidad de arrepentirse y volverse a Él para que sean salvos, queda poco tiempo.
No obstante, la encomienda de Dios para la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) es proclamar lo que Dios ha dicho, aunque a la gente no le guste ni le interese, pues Jesús dijo: "...Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:18-20). El apóstol Pablo reiteró esta encomienda a uno de sus ayudantes diciendo: "En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por lo contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio." (2 Timoteo 4:1-5). Además dijo Jesús: "...Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado." (Marcos 16:15-16). Y esto es lo que hacemos, obedecer a nuestro Líder, Maestro, Salvador y Dios, no actuamos por meras interpretaciones "fundamentalistas". Aunque todos estos preceptos sean para nosotros los que formamos la Iglesia, a todos los que están fuera de ella les mortifica escucharlos porque: "Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón." (Hebreos 4:12).
Así que la Palabra de Dios convence a los seres humanos de su pecado y por eso muchos no la quieren escuchar. Así que todo el que haya escuchado el mensaje del evangelio y crea pero no obedezca, o no crea, no tendrá excusa cuando Dios lo lleve a su presencia para ser juzgado. Hay sectores de la Iglesia que deberían reconocer que a través de la historia, sus antepasados y algunos que, por falta de herramientas y conocimiento o humildad perpetúan los errores del pasado al día de hoy, fracasaron y fracasan en el manejo de ciertos asuntos dogmáticos y doctrinales que deben ser revisados y corregidos a la luz del conocimiento y las nuevas herramientas de interpretación bíblica que hoy tenemos. La Biblia es clara y precisa en dichos asuntos, pero el fracaso está en que algunos se rehúsan a adquirir un mayor conocimiento y entendimiento de las Sagradas Escrituras, pues tienen una falsa percepción de que niegan su fe al considerar nuevos postulados que ponen en entredicho lo que aprendieron y han enseñado por mucho tiempo. El orgullo y la falta de humildad no les permite aceptar que se han equivocado.  Pero es de humanos errar hermanos, no sean estorbo y tropiezo para lo que Dios quiere hacer en este tiempo. La carta de Santiago dice: "Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes. Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará." (Santiago 4:6-10).
No obstante la gran mayoría del (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) la Iglesia de este tiempo, cuenta con una generación mucho más madura espiritualmente, y muy bien documentada por sus estudios académicos formales en teología y Biblia, para manejarcon mucha responsabilidad y sabiduría todos los asuntos dogmáticos y doctrinales de la Iglesia, siempre buscando ser dirigidos por el Espíritu Santo de Dios. Ésta generación ha reconocido que la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) ha errado en algunos de esos aspectos, y hoy procura no caer en los mismos errores del pasado, para que la Iglesia sea pertinente en su contexto históricosocial. Pues aunque la proclamación del evangelio ha ganado muchas almas para Cristo (esto por obra del Espíritu Santo y no de los hombres), las duras exigencias dogmáticas que la Iglesia impuso a sus miembros en algunos sectores, terminaron siendo piedra de tropiezo. Y es que muchos de los dogmas que estas iglesias impusieron en la antigüedad, buscaban resolver ciertos conflictos y cumplieron su propósito en su tiempo. Pero al día de hoy, esas dogmáticas no resuelven nada y causan muchos conflictos que terminan confundiendo y apartando a la gente de la Iglesia. Pero la falta de humildad de algunos les lleva a seguir promoviéndolas. La Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) es un organismo vivo que debe evolucionar y adaptarse a los tiempos, para ser más efectiva y pertinente en la proclamación del mensaje del evangelio, esto sin cambiar la centralidad de su mensaje, debe estar siempre lista y ávida de hacer dichas transiciones, para mantenerse viva y creciendo.
Claro, hay que hacerlo con mucho cuidado y discernimiento del Espíritu Santo, pues hay una línea muy fina y peligrosa en ese asunto de evolucionar y transicionar, pero no por eso vamos a estancarnos en el proceso y debemos procurar que nuestra predicación de la Palabra de Dios permanezca intachable. Pues muchos en medio de la transición han cruzado esa línea y han terminado negando su fe y convirtiéndose en el cumplimiento profético de las palabras de Jesús cuando dijo: "Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán." (Mateo 7:15-20). Éstos son los que hacen que paguemos los justos por pecadores. El apóstol Pedro también habló de ellos cuando dijo: "En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha." (2 Pedro 2:1-3).
¿No es esto lo que estamos viendo con mucha frecuencia en este tiempo? La humanidad juzga y penaliza a toda la Iglesia por los actos vergonzosos de estos falsos profetas que tienen mucha exposición, y hacen toda una propaganda mediática para menoscabar el testimonio de la Iglesia. A que no hacen lo mismo reconociendo la inmensa labor misionera, humanitaria y social que ella ha aportado por siglos a las naciones. Para todos ellos, así ha dicho Jehová de los ejércitos: "¡Ay de los que arrastran iniquidad con cuerdas de mentira, y el pecado con sogas de carreta! Dicen: ¡Que Dios se apresure, que apresure su obra para que la veamos; que se acerque y se cumpla el plan del Santo de Israel, para que lo conozcamos! !Ay de los que llaman a lo malo bueno y lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los que se consideran sabios, de los que se creen inteligentes! ¡Ay de los valientes para beber vino, de los valentones que mezclan bebidas embriagantes, de los que por soborno absuelven al culpable y le niegan sus derechos al indefenso¡ Por eso así como las lenguas de fuego devoran la paja y el pasto seco se consume en las llamas, su raíz se pudrirá y, como polvo, se disipará su flor. Porque han rechazado la ley del Señor Todo Poderoso y han desdeñado la palabra del Santo de Israel." (Isaías 5:18-25).
Aquí entra en función el mal social que nos caracteriza, de siempre resaltar y perpetuar los errores del pasado de otros, y obviar los procesos evolutivos con todas las buenas obras y beneficios significativos que estos han aportado a la sociedad posteriormente. Así pasa cuando algunos quieren abrirse paso con agendas ocultas e imponerse, pues la mejor manera de hacerlo es, sacando al sol todos los trapos sucios de los otros y exhibirse como víctimas. Luchan por sus "derechos" pretendiendo quitarle los derechos a otros, violan las leyes pretendiendo establecer otras que supriman las establecidas y someter a otros con ellas, exigen tolerancia siendo intolerantes, exigen respeto mientras se burlan y ridiculizan faltando el respeto, exigen que no se les discrimine pero ellos sí pueden discriminar, denuncian que son perseguidos mientras ellos son perseguidores, acusan a muchos de fundamentalistas cuando ellos son los primeros, etc. Pero como dijo Jesús, el árbol se conoce por su fruto. El ladrón juzga por su condición. No hay un acercamiento sincero de aquellos que buscan su lugar en la sociedad para discutir ideas con respeto y buscar soluciones para el bienestar de todos. Imperan los acuerdos entre particulares, y a puertas cerradas, para infiltrar e imponer a la fuerza los caprichos de algunos que pretenden afectar las masas de forma indiscriminada con la imposición de sus absurdos. Tal es el caso de la ley aprobada para autorizar a los individuos "transgéneros" al uso del baño donde mejor entiendan que les define. Géneros humanos sólo hay dos, hombre y mujer, y lo que los define es su sexo físico y no su sexualidad mental. ¿Dónde está el sentido común? Las enfermedades sociales lo han extinguido. No hay nada más absurdo que esto, y ha quedado demostrado con los últimos incidentes que han puesto en peligro la seguridad y el bienestar, especialmente de las niñas; que usando el baño para sus necesidades fisiológicas, se han visto acosadas por depravados sexuales que aprovechan esta ley para cometer sus fechorías. Le han otorgado derechos a unos, violando los derechos de otros y poniendo en riesgo su seguridad.
La Iglesia de este tiempo no pretende inhibir los "derechos" de nadie, pero tampoco estamos dispuestos a ceder los nuestros. No aceptaremos ni acataremos la imposición de cambios a la práctica de nuestra fe, pues es ilegal y atenta contra la separación de Iglesia y Estado. Pero aún si lograran legalizar ciertos cambios y trataran de imponernos prácticas contrarias a nuestra fe, no las acataremos, pues la Biblia dice que: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres." (Hechos 5:29) y aunque tengamos que sufrir los abusos e injusticias, lo haremos con gozo y alegría, porque Jesús dijo: "Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. Alégrense en aquel día y salten de gozo pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. Dense cuenta que los antepasados de esta generación trataron así a los profetas." (Lucas 6:22-23). La Iglesia está presta a recibir a todo el que la necesite y brindar la ayuda que esté a nuestro alcance. Está más que dispuesta para sentarse a dilucidar ideas y aportar posibles soluciones que otorguen beneficios y derechos a todos en la sociedad, pues somos parte de ella y buscamos el bienestar común, además, nos asiste ese derecho.
Seguimos llevando el mensaje que proclamó Jesús, que vino a sufrir y a morir por TODOS, y "...que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: Todo el que confíe en él no será jamás defraudado." (Romanos 10:9-11). Pero también es necesario arrepentirse y confesarle a Dios nuestros pecados y dejarlos:"Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón." (Proverbios 28:19). Jesús dijo: "Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo. Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final. Porque la voluntad de mi padre es que todo el que conozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final." (Juan 6:37-40). Así que, más allá que un mero "fundamentalismo religioso" la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) con sus defectos y virtudes por estar formada de humanos, lleva siglos haciendo lo que Dios le ha encomendado, aunque muchos no crean ni le interese ser parte de ella. Pero el mundo será juzgado en poco tiempo y Dios sigue esperando que la humanidad se arrepienta y regrese a Él, pues fue creada para habitar con Él por la eternidad, y pagará a cada uno conforme a sus actos y sus decisiones aquí en la tierra.
Eduardo Figueroa Aponte