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viernes, 26 de agosto de 2016

El sufrimiento... ¡Un proceso transformador!

Somos muchos los que nos hacemos esta pregunta con frecuencia: ¿por qué los seres humanos tenemos que sufrir? La gran mayoría de nosotros miramos este proceso con recelo, porque implica momentos de dolor y angustia que rehusamos atravesar, porque se nos ha inculcado que los seres humanos vienen a este mundo para ser felices. Aunque la "felicidad" no es el fin último de nuestra existencia sobre la tierra, es uno de los beneficios más codiciados en la vida, y en su búsqueda, la humanidad se ha alejado de Dios y se ha vuelto tan egoísta, que cada cual busca la suya sin importar cuánto daño le hace a su semejante. Pero le guste o no a los seres humanos, el sufrimiento es un proceso ineludible que hay que aprobar en la escuela de la vida, que aporta grandes beneficios al desarrollo de nuestro carácter. Pero, ¿qué es el sufrimiento? Con mucha frecuencia, según nuestro contexto cultural, acostumbramos a asignar nuestros propios conceptos y definiciones a las palabras. Pero cuando entramos en el análisis profundo de un tema, estamos obligados a examinar con cuidado los conceptos que dirigen nuestros planteamientos.  Por eso nos referimos al Diccionario de la Real Academia Española, que ofrece un sinnúmero de definiciones para el verbo (sufrir). De éstas hemos seleccionado las que se ajustan a nuestros planteamientos, y subrayamos las que entendemos que deben prevalecer en nuestro entendimiento del verbo (sufrir), y dice que es [Sentir físicamente un daño, un dolor, una enfermedad o un castigo; sentir un daño moral; recibir con resignación un daño moral o físico; sostenerresistirtolerar o llevar con pacienciapermitirconsentirsatisfacer por medio de la penasometerse a una prueba o examencontenersereprimirse]. Tal vez, la mayoría de nosotros, no encontramos aquí nuestra definición (concepción) sobre el sufrimiento, pero éstas son las definiciones oficialmente relacionadas a este verbo en Latinoamérica, y encontramos en ellas la manera correcta de entender el sufrimiento.
Por otro lado, la "felicidad" es un estado que sólo alcanza su grado superlativo y permanente cuando decidimos rendir nuestras vidas en adoración/obediencia a Dios, aunque esto no implica ausencia de sufrimiento. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la (felicidad) se define como [Estado de grata satisfacción espiritual y física; persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz; ausencia de inconvenientes o tropiezos]. De aquí también hemos subrayado la definición que debe prevalecer en nuestro entendimiento de la felicidad. Sin embargo, la humanidad define "felicidad" según el resto de las definiciones ofrecidas en el diccionario, y es por eso que también se afecta su entendimiento del sufrimiento, pues la felicidad de los seres humanos no debe estar basada en (personas, situaciones ni objetos, que producen más sufrimiento) sino, en su estado de grata satisfacción espiritual, de lo que muchos de nosotros podemos ser testigos. Así lo enseñó el apóstol Pablo en su segunda carta a los corintios, respecto a la persecución y los sufrimientos que vivían por causa del evangelio diciendo: "Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día a día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora pasamos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno." (2 Corintios 4:16-18). Y no es que seamos insensibles al sufrimiento, es que confiamos en las promesas y los propósitos de Dios, aunque no entendamos los procesos.
Muchos viven haciendo malabares en su afán de alcanzar la supuesta "felicidad" que viven las luminarias de la alta alcurnia, que es evidentemente inalcanzable para el resto de los seres vivientes, y que tanto promueven los medios de comunicación. Sumidos en la ambición, desperdician toda su vida en trabajo forzoso y extenuante, que irónicamente, les roba el tiempo para disfrutar de lo que cosechan y cultivar el núcleo familiar, por lo que se hace imposible alcanzar la tan anhelada "felicidad", pues terminan perdiendo las cosas más importantes de la vida y que el dinero no puede comprar. En ocasiones, esto los lleva a adquirir deudas impagables debido el exceso de posesiones, que terminan robándoles el sueño, en su intento de sobreproteger lo que con tanto sacrificio han logrado. Por otro lado, hay quienes en su impotencia, terminan incurriendo en mecanismos reprochables y peligrosos, que en vez de proveerles la tan anhelada "felicidad", terminan privados de su libertad o prófugos de la justicia y sumidos en el estrés y el temor de que otros puedan arrebatarle lo que con muy poco sacrificio y de forma deshonesta han adquirido. Con todo esto, los que se esfuerzan y los que no, terminan sumidos en sufrimientos que son el resultado de malas decisiones, que se suman  a los que ofrece la escuela de la vida. Por eso debemos hacernos una pregunta obligada... ¿Realmente hay felicidad en todo eso? Hay una gran diferencia en atravesar por sufrimientos provocados por el pecado de la gente que vive alejada de Dios, por lo que no pueden ser felices; y atravesar los sufrimientos que forman parte del proceso natural de la vida, agarrados de la poderosa mano de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que nos hace vivir felices en la esperanza de su salvación y utiliza estos procesos para formar el carácter que nos lleva a parecernos cada vez más a Él.
El apóstol Pablo describe la condición del pecado en los hombres y su esperanza diciendo: "...Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús...(Romanos 2:22-24). Así que mientras vivimos alejados de Dios, estamos destituidos de Su gloria y vivimos bajo la ley del pecado, que acarrea mucho sufrimiento y dolor. Por eso envió a su Hijo Jesucristo a rescatarnos del pecado y restablecer nuestra relación con Dios, que nos devuelve una óptica correcta de la vida y la verdadera felicidad, a pesar del sufrimiento. Así el mismo Pablo lo explicó en su carta a los efesios cuando dijo: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica." (Efesios 2:4-10).
Es por esto que cuando rendimos nuestras vidas a la voluntad de Dios, miramos el mundo y lo que sucede en él desde otra perspectiva, pues vivimos conforme al plan de Dios y no conforme a nuestros planes. Y cuando enfrentamos situaciones difíciles, lo hacemos confiando en la buena voluntad de Dios porque "...sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo a su propósito." (Romanos 8-28).  Y usted me dirá, pero es que yo no he sido llamado... y yo le diré, Dios le está llamando desde la primera vez que usted escuchó de Él, y hoy le está llamando por medio de esta Palabra.  La salvación es para todo aquel que crea y se arrepienta de su vida de pecado y decida caminar el resto de su vida conforme a las enseñanzas de Jesús.  Sólo así se hace posible entender que el sufrimiento es una parte esencial de la vida, pues tenemos mucho que aprender en él.
En la carta a los romanos, el apóstol Pablo nos señala cuáles son los frutos que produce el sufrimiento en aquellos que han decidido vivir sus vidas en Cristo Jesús, basado en su propia experiencia diciendo: "En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado." (Romanos 5:1-5).
En la Biblia podemos encontrar más pistas que nos llevan a entender un poco más acerca del propósito del sufrimiento como proceso transformador, especialmente en la vida de Jesús. La carta a los hebreos dice que "...vemos a Jesús, que fue hecho un poco inferior a los ángeles, coronado de gloria y honra por haber padecido la muerte. Así, por la gracia de dios, la muerte que él sufrió resulta en beneficio de todos. En efecto, a fin de llevar a muchos hijos a la gloria, convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos." (Hebreos 2:9-10). Así que si Jesús fue perfeccionado por medio del sufrimiento, implica que, (#1) el sufrimiento tiene el propósito de llevarnos a la perfección.  También en la carta a los hebreos se nos dice lo siguiente: "En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen..." (Hebreos 5:7-9). Así que si Jesús aprendió a obedecer por medio del sufrimiento, implica que, (#2) el sufrimiento tiene el propósito de llevarnos a la obediencia.  
Por lo tanto, si el Hijo de Dios fue perfeccionado y aprendió a obedecer por medio del sufrimiento, sería ingenuo de nuestra parte pensar que nosotros, habiendo sido adoptados como hijos, no vayamos a la misma escuela y seamos probados y examinados de la misma manera que el Autor y Consumador de nuestra fe Jesucristo, que con Su sangre compró nuestra adopción y derecho hereditario.  La carta a los hebreos nos muestra el sufrimiento como un efecto de la disciplina de Dios diciendo: "En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre. Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se nos dirige: [Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama y azota a todo el que recibe como hijo]. Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus para que vivamos? En efecto nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados en ella." (Hebreos 12:4-11).  
Todo esto, amados hermanos, nos debe cambiar el panorama de lo que entendemos por sufrimiento y cómo debemos enfrentarlo. Suframos con gozo y alegría las disciplinas del Señor y dejémonos transformar por ellas para que su obra en nosotros sea completada.  La carta de Santiago nos exhorta: "Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada." (Santiago 1:1-4). Finalizo esta reflexión con las palabras de aliento registradas en la primera carta del apóstol Pedro a las iglesias, que dice así: "¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Asi también la fe de ustedes, que vale más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación." (1 Pedro 1:3-9).
Eduardo Figueroa Aponte

viernes, 8 de julio de 2016

¿Fundamentalistas? Sí, Todos lo somos...

Sí, así nos llaman ahora de forma clichosa, "fundamentalistas". Resulta que, en la actualidad, los cristianos somos los intérpretes ilusorios de un libro llamado la Biblia, lleno de "fábulas y metáforas que fomentan una cultura de carácter patriarcal, homofóbica, egoísta, discriminatoria y criminal", somos los responsables de las desgracias y tragedias del mundo, y vivimos enajenados de la realidad y en el fanatismo religioso. Esa es la definición que algunos grupos y organizaciones postmodernas le han dado a la cristiandad; nada más lejos de la realidad. Ninguna fábula o metáfora de interpretación ilusoria a logrado abarcar todos los confines de la tierra con su escritura, y ningún otra obra escritural ha llegado a ser la más traducida, impresa y vendida, ni ha transformado a millones de personas como lo ha hecho la Biblia, porque en sus páginas encontramos la poderosa y verdadera Palabra de Dios, compilada durante muchos siglos de historia. El Diccionario de la Real Academia Española registra las definiciones que por el uso ha ganado este concepto de "fundamentalismo" diciendo: "Movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social; Creencia religiosa basada en una interpretación literal de la Biblia, surgida en Norteamérica en coincidencia con la Primera Guerra Mundial; Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida." Partiendo de esta definición, si se trata de una exigencia intransigente de sometimiento, entonces muchos de esos grupos y organizaciones también pecan de ser fundamentalistas, de hecho, todos lo somos. Entonces, "¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano." (Lucas 6:41-42). Una sociedad sin fundamentos ni leyes o reglas para la sana convivencia, no sería una sociedad sino, un caos. 

Todo en la vida tiene un principio, una base o un fundamento o cimiento, sobre el que se construye toda buena obra. Sin un fundamento, difícilmente habrá alguna estructura que se pueda mantener en pie o derecha. Tal fue la ilustración que Jesús usó con sus discípulos diciendo: "Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó y el desastre fue terrible." (Lucas 6:47-49).  Moisés dijo: "Él es la roca, sus obras son perfectas, y todos sus caminos son justos. Dios es fiel; no practica la injusticia. Él es recto y justo. Actuaron contra él de manera corrupta; para vergüenza de ellos, ya no son sus hijos; ¡son una generación torcida y perversa! ¿Y así le pagas al Señor pueblo tonto y necio? ¿Acaso no es tu Padre, tu Creador, el que te hizo y te formó?" (Deuteronomio 32:4-6). Por eso muchas naciones han tenido a bien fundamentar sus estructuras gubernamentales en la Palabra de Dios, la Biblia, fuente inagotable de principios y valores que garantizan el bienestar de las naciones.
El fundamento de la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) está revelado en la Biblia, la cual registra los testimonios del pueblo que Dios escogió, Israel, para darse a conocer al mundo y anunciar el nacimiento de un Salvador (nuestra Roca) que pagaría el precio por nuestros pecados para darnos vida eterna, Jesucristo. Y esta verdad no es una interpretación ilusoria o ingenua de la Iglesia, pues la Iglesia tuvo su origen en Israel y se ha expandido sobre toda la tierra tal y como predijo Jesús: "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin." (Mateo 24:14). Al día de hoy, la veracidad de la Biblia ha sido confirmada y está siendo reconfirmada constantemente por los historiadores y la ciencia, a través de los descubrimientos geológicos, arqueológicos y de la NASA, que validan cada vez más las historias milenarias registradas en ella. Así que más allá de un "fundamentalismo religioso", la Iglesia y su interpretación literal de la Biblia está tomando más fuerza que nunca antes, aunque el mundo quiera o no creer en ella. Además, cual reloj suizo, estamos viendo el cumplimiento de acontecimientos mundiales que están profetizados en la Biblia como señales de los últimos tiempos. Muchos rechazan o repudian las verdades de esta Escritura Sagrada porque, aunque en su interior creen que Dios existe, prefieren despilfarrar su vida en los efímeros placeres de la carne y el mundo. Así evitan asumir alguna responsabilidad que les prive de los deseos insaciables del pecado, que a sabiendas o sin saber les llevan a la autodestrucción y les convierte en enemigos de Dios, tal y como dice la carta de Santiago: "¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios." (Santiago 4:4). Pues bien, no se han ensañado contra la Iglesia sino contra Dios, tal y como dijo Jesús: "El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió." (Lucas 10:16). ¿Eso quieren, ser enemigos de Dios? ¡Pues adelante¡ Nadie los detiene.  Pero el fin se acerca, y hoy Dios les da la oportunidad de arrepentirse y volverse a Él para que sean salvos, queda poco tiempo.
No obstante, la encomienda de Dios para la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) es proclamar lo que Dios ha dicho, aunque a la gente no le guste ni le interese, pues Jesús dijo: "...Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:18-20). El apóstol Pablo reiteró esta encomienda a uno de sus ayudantes diciendo: "En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por lo contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio." (2 Timoteo 4:1-5). Además dijo Jesús: "...Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado." (Marcos 16:15-16). Y esto es lo que hacemos, obedecer a nuestro Líder, Maestro, Salvador y Dios, no actuamos por meras interpretaciones "fundamentalistas". Aunque todos estos preceptos sean para nosotros los que formamos la Iglesia, a todos los que están fuera de ella les mortifica escucharlos porque: "Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón." (Hebreos 4:12).
Así que la Palabra de Dios convence a los seres humanos de su pecado y por eso muchos no la quieren escuchar. Así que todo el que haya escuchado el mensaje del evangelio y crea pero no obedezca, o no crea, no tendrá excusa cuando Dios lo lleve a su presencia para ser juzgado. Hay sectores de la Iglesia que deberían reconocer que a través de la historia, sus antepasados y algunos que, por falta de herramientas y conocimiento o humildad perpetúan los errores del pasado al día de hoy, fracasaron y fracasan en el manejo de ciertos asuntos dogmáticos y doctrinales que deben ser revisados y corregidos a la luz del conocimiento y las nuevas herramientas de interpretación bíblica que hoy tenemos. La Biblia es clara y precisa en dichos asuntos, pero el fracaso está en que algunos se rehúsan a adquirir un mayor conocimiento y entendimiento de las Sagradas Escrituras, pues tienen una falsa percepción de que niegan su fe al considerar nuevos postulados que ponen en entredicho lo que aprendieron y han enseñado por mucho tiempo. El orgullo y la falta de humildad no les permite aceptar que se han equivocado.  Pero es de humanos errar hermanos, no sean estorbo y tropiezo para lo que Dios quiere hacer en este tiempo. La carta de Santiago dice: "Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes. Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará." (Santiago 4:6-10).
No obstante la gran mayoría del (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) la Iglesia de este tiempo, cuenta con una generación mucho más madura espiritualmente, y muy bien documentada por sus estudios académicos formales en teología y Biblia, para manejarcon mucha responsabilidad y sabiduría todos los asuntos dogmáticos y doctrinales de la Iglesia, siempre buscando ser dirigidos por el Espíritu Santo de Dios. Ésta generación ha reconocido que la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) ha errado en algunos de esos aspectos, y hoy procura no caer en los mismos errores del pasado, para que la Iglesia sea pertinente en su contexto históricosocial. Pues aunque la proclamación del evangelio ha ganado muchas almas para Cristo (esto por obra del Espíritu Santo y no de los hombres), las duras exigencias dogmáticas que la Iglesia impuso a sus miembros en algunos sectores, terminaron siendo piedra de tropiezo. Y es que muchos de los dogmas que estas iglesias impusieron en la antigüedad, buscaban resolver ciertos conflictos y cumplieron su propósito en su tiempo. Pero al día de hoy, esas dogmáticas no resuelven nada y causan muchos conflictos que terminan confundiendo y apartando a la gente de la Iglesia. Pero la falta de humildad de algunos les lleva a seguir promoviéndolas. La Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) es un organismo vivo que debe evolucionar y adaptarse a los tiempos, para ser más efectiva y pertinente en la proclamación del mensaje del evangelio, esto sin cambiar la centralidad de su mensaje, debe estar siempre lista y ávida de hacer dichas transiciones, para mantenerse viva y creciendo.
Claro, hay que hacerlo con mucho cuidado y discernimiento del Espíritu Santo, pues hay una línea muy fina y peligrosa en ese asunto de evolucionar y transicionar, pero no por eso vamos a estancarnos en el proceso y debemos procurar que nuestra predicación de la Palabra de Dios permanezca intachable. Pues muchos en medio de la transición han cruzado esa línea y han terminado negando su fe y convirtiéndose en el cumplimiento profético de las palabras de Jesús cuando dijo: "Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán." (Mateo 7:15-20). Éstos son los que hacen que paguemos los justos por pecadores. El apóstol Pedro también habló de ellos cuando dijo: "En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha." (2 Pedro 2:1-3).
¿No es esto lo que estamos viendo con mucha frecuencia en este tiempo? La humanidad juzga y penaliza a toda la Iglesia por los actos vergonzosos de estos falsos profetas que tienen mucha exposición, y hacen toda una propaganda mediática para menoscabar el testimonio de la Iglesia. A que no hacen lo mismo reconociendo la inmensa labor misionera, humanitaria y social que ella ha aportado por siglos a las naciones. Para todos ellos, así ha dicho Jehová de los ejércitos: "¡Ay de los que arrastran iniquidad con cuerdas de mentira, y el pecado con sogas de carreta! Dicen: ¡Que Dios se apresure, que apresure su obra para que la veamos; que se acerque y se cumpla el plan del Santo de Israel, para que lo conozcamos! !Ay de los que llaman a lo malo bueno y lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los que se consideran sabios, de los que se creen inteligentes! ¡Ay de los valientes para beber vino, de los valentones que mezclan bebidas embriagantes, de los que por soborno absuelven al culpable y le niegan sus derechos al indefenso¡ Por eso así como las lenguas de fuego devoran la paja y el pasto seco se consume en las llamas, su raíz se pudrirá y, como polvo, se disipará su flor. Porque han rechazado la ley del Señor Todo Poderoso y han desdeñado la palabra del Santo de Israel." (Isaías 5:18-25).
Aquí entra en función el mal social que nos caracteriza, de siempre resaltar y perpetuar los errores del pasado de otros, y obviar los procesos evolutivos con todas las buenas obras y beneficios significativos que estos han aportado a la sociedad posteriormente. Así pasa cuando algunos quieren abrirse paso con agendas ocultas e imponerse, pues la mejor manera de hacerlo es, sacando al sol todos los trapos sucios de los otros y exhibirse como víctimas. Luchan por sus "derechos" pretendiendo quitarle los derechos a otros, violan las leyes pretendiendo establecer otras que supriman las establecidas y someter a otros con ellas, exigen tolerancia siendo intolerantes, exigen respeto mientras se burlan y ridiculizan faltando el respeto, exigen que no se les discrimine pero ellos sí pueden discriminar, denuncian que son perseguidos mientras ellos son perseguidores, acusan a muchos de fundamentalistas cuando ellos son los primeros, etc. Pero como dijo Jesús, el árbol se conoce por su fruto. El ladrón juzga por su condición. No hay un acercamiento sincero de aquellos que buscan su lugar en la sociedad para discutir ideas con respeto y buscar soluciones para el bienestar de todos. Imperan los acuerdos entre particulares, y a puertas cerradas, para infiltrar e imponer a la fuerza los caprichos de algunos que pretenden afectar las masas de forma indiscriminada con la imposición de sus absurdos. Tal es el caso de la ley aprobada para autorizar a los individuos "transgéneros" al uso del baño donde mejor entiendan que les define. Géneros humanos sólo hay dos, hombre y mujer, y lo que los define es su sexo físico y no su sexualidad mental. ¿Dónde está el sentido común? Las enfermedades sociales lo han extinguido. No hay nada más absurdo que esto, y ha quedado demostrado con los últimos incidentes que han puesto en peligro la seguridad y el bienestar, especialmente de las niñas; que usando el baño para sus necesidades fisiológicas, se han visto acosadas por depravados sexuales que aprovechan esta ley para cometer sus fechorías. Le han otorgado derechos a unos, violando los derechos de otros y poniendo en riesgo su seguridad.
La Iglesia de este tiempo no pretende inhibir los "derechos" de nadie, pero tampoco estamos dispuestos a ceder los nuestros. No aceptaremos ni acataremos la imposición de cambios a la práctica de nuestra fe, pues es ilegal y atenta contra la separación de Iglesia y Estado. Pero aún si lograran legalizar ciertos cambios y trataran de imponernos prácticas contrarias a nuestra fe, no las acataremos, pues la Biblia dice que: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres." (Hechos 5:29) y aunque tengamos que sufrir los abusos e injusticias, lo haremos con gozo y alegría, porque Jesús dijo: "Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. Alégrense en aquel día y salten de gozo pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. Dense cuenta que los antepasados de esta generación trataron así a los profetas." (Lucas 6:22-23). La Iglesia está presta a recibir a todo el que la necesite y brindar la ayuda que esté a nuestro alcance. Está más que dispuesta para sentarse a dilucidar ideas y aportar posibles soluciones que otorguen beneficios y derechos a todos en la sociedad, pues somos parte de ella y buscamos el bienestar común, además, nos asiste ese derecho.
Seguimos llevando el mensaje que proclamó Jesús, que vino a sufrir y a morir por TODOS, y "...que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: Todo el que confíe en él no será jamás defraudado." (Romanos 10:9-11). Pero también es necesario arrepentirse y confesarle a Dios nuestros pecados y dejarlos:"Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón." (Proverbios 28:19). Jesús dijo: "Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo. Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final. Porque la voluntad de mi padre es que todo el que conozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final." (Juan 6:37-40). Así que, más allá que un mero "fundamentalismo religioso" la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) con sus defectos y virtudes por estar formada de humanos, lleva siglos haciendo lo que Dios le ha encomendado, aunque muchos no crean ni le interese ser parte de ella. Pero el mundo será juzgado en poco tiempo y Dios sigue esperando que la humanidad se arrepienta y regrese a Él, pues fue creada para habitar con Él por la eternidad, y pagará a cada uno conforme a sus actos y sus decisiones aquí en la tierra.
Eduardo Figueroa Aponte

jueves, 30 de junio de 2016

Viviendo sin temor, en medio del terror...

Nos ha tocado vivir en la era más activa del terrorismo, en todo el sentido de la palabra. ¿Y qué es terrorismo? El diccionario de la Real Academia Española lo define como: "Dominación por terror; Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror; Actuación criminal de bandas organizadas, que reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretenden crear alarma social con fines políticos." Así que según esta definición, el terrorismo no es solamente un acto violento perpetrado por individuos para provocar terror (método expeditivo de represión revolucionaria o contrarrevolucionaria) y la pérdida de vidas inocentes con fines "religiosos"; sino que todo aquel que pretende dominar, aterrorizar y alarmar a la sociedad de forma organizada e indiscriminada es un terrorista. Por lo tanto, según esta definición, podríamos clasificar a los gobiernos, las más grandes empresas y a muchos de los medios de comunicación como las bandas organizadas más sobresalientes entre los terroristas más influyentes de este tiempo porque a pesar de que no se caracterizan por fines religiosos "ni provocan la pérdida de vidas inocentes con violencia física, (aunque en algunos caso sí)", quieren dominar, aterrorizar y alarmar a la sociedad de forma indiscriminada y sensacionalista, sembrando incertidumbre y temor para tener control de ella.  Pero, ¿qué dice la Biblia acerca del temor? En la primera carta de Juan encontramos lo siguiente: "...Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero." (1 Juan 4:16-19). Así que los que hemos sido perfeccionados en el amor de Dios y vivimos esforzándonos por imitar la vida de Jesús, no debemos vivir en temor y no esperamos castigo, pues su sangre nos limpia de todo pecado, nos ha dado salvación y vendrá a buscarnos para que reinemos con Él en las moradas celestiales para siempre. Ésta es Su promesa, y es nuestra esperanza.  En esa misma carta de Juan más adelante dice: "En esto consiste el amor de Dios; en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios?" (1 Juan 5:3-5). Por eso somos más que vencedores y no hay por qué vivir con temor por mucho que soplen los vientos del terror, pues debemos vivir confiando en las promesas de Dios, que son nuestra esperanza.
En estos últimos años, han salido a la luz los fraudes y vicios ocultos de varios gobiernos. Éstos, junto a las grandes empresas, que son los más grandes intereses económicos, y muchos de los medios de comunicación han manipulado la información para disfrazar, favorecer y adelantar las agendas ocultas de algunos, que invierten mucho dinero sobornando y enamorando a los amigos de las ganancias mal habidas, para poner en marcha sus maquinaciones ambiciosas y egoístas aunque afecten perniciosamente a la sociedad. Utilizan la psicología a través de los medios de comunicación (periódicos, revistas, noticieros, televisión, redes sociales, billboards etc.), para introducir sus ideas y planes como un virus infeccioso que al principio no provoca síntomas, pero termina convirtiéndose en una epidemia mortífera. Ese virus menoscaba sutilmente el carácter de los individuos, y les va debilitando sus sistemas de defensa (principios y valores), fundamentales para el buen funcionamiento de la sociedad, y terminan completamente infectados y resignados a vivir así el resto de sus vidas, esperando que el tratamiento para su enfermedad, algún día sea provisto por aquellos que de forma infiltrada se la ocasionaron premeditadamente y para el beneficio de algunos.
La manipulación es tan efectiva que la gente nunca llega a entender que los daños colaterales son fatales, y se suman a las campañas a favor del virus y la enfermedad enérgicamente. Pues al fin y al cabo, se acostumbran a vivir con los síntomas que ya ven como naturales y normales, sin darse cuenta de que están firmando su sentencia de muerte y procuran animar a otros que también la firmen, sin saber lo que hacen. Y es que en este tiempo a nadie le interesa medir las consecuencias a largo plazo, queremos vivir el hoy y el ahora, sin considerar los problemas que estamos provocando para nuestras generaciones futuras, nuestros hijos. Ésta es la única forma en que estos terroristas pueden lograr con éxito llevar a cabo sus planes, pues de no ser así, nadie estaría de acuerdo con ellos. Y estamos hablando de forma metafórica y también literal. Pues la epidemia mortal ocurre en las mentes y los corazones de una sociedad que ha sido trastornada por la manipulación, pero también convalece de forma física, sufriendo el estrés que produce tener que vivir constantemente contra la pared, entre lo que queremos y creemos, versus lo que nos quieren imponer. Algunos terminan queriendo quitarse la vida al no saber manejar estas crisis, otros mueren enfermos como resultado de los efectos secundarios que provocan las muchas violaciones que los gobiernos y las grandes empresas cometen contra el medio ambiente y las consecuencias que producen.
Nos agobian por todos lados con la información que quieren promover, esencialmente si favorece algún proyecto que generará millones de dólares a la economía de los que están arriba, pero contribuyen a desgraciar la vida de los que estamos abajo, empobreciéndonos y enfermándonos cada vez más. Logran convencer a la gente de falsas realidades para que las masas bailen al ritmo que ellos quieren tocar. Provocan un caos de todo, exagerando la información de algunos eventos para elevar sus rangos de visibilidad, a veces con tragedias, otras veces fomentando el adelanto de causas particulares, enalteciendo más los argumentos de una parte del debate y menospreciando y silenciando los argumentos de la otra parte, buscando incriminar los errores de algunos que gastan su vida trabajando por el bienestar de la sociedad, pero no son capaces de aplaudirles ni reconocerles todo el bien que han hecho, todo depende de la motivación del medio y las agendas políticas. Así hacen con la Iglesia, que no es una estructura con cuatro paredes, es el pueblo de Dios, que también es parte de la sociedad alrededor del mundo.
La mayoría de la gente en Puerto Rico piensa que la separación de Iglesia y Estado, hace de la Iglesia un ente extraño y aparte del resto de la sociedad que no tiene voz ni voto. Pues para todos aquellos que estén dentro de este grupo, sepan que esa estipulación se encuentra en el Artículo II de la Carta de Derecho en la Sección 3 (Libertad de Culto), de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Esta sección se incluyó allí con el fin de proteger y garantizar el derecho a la libertad de culto de toda religión y coartar el poder del Estado de querer entrometerse en la institucionalidad y el ejercicio del culto religioso, y por eso hay completa separación de Iglesia y Estado, para proteger a la Iglesia del Estado, no al revés. Nuestra Constitución en su gran mayoría está basada en valores Bíblicos que son universales y garantizan el bienestar de los seres humanos, además la Biblia dice así de las naciones:  "Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió su heredad. El Señor observa desde el cielo y ve a toda la humanidad; él contempla desde su trono a todos los habitantes de la tierra. Él es quien formó el corazón de todos, y quien conoce a fondo todas sus acciones. No se salva el rey por sus muchos soldados, ni por su mucha fuerza se libra el valiente. Vana esperanza de victoria es el caballo; a pesar de su mucha fuerza no puede salvar. Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor; él los libra de la muerte, y en épocas de hambre los mantiene con vida. Esperamos confiados en el Señor; él es nuestro socorro y nuestro escudo. En él se regocija nuestro corazón porque confiamos en su santo nombre. Que tu gran amor, Señor nos acompañe tal como lo esperamos de ti." (Salmos 33:12-22).
La Iglesia (el pueblo de Dios) es parte de la sociedad y también paga contribuciones. Por eso tiene derecho a expresarse libre y deliberadamente, como lo hace todo ciudadano y toda institución, aunque muchos quieran callarla. Pero, como pertenece a esa parte de la sociedad que cree en los principios y valores tradicionales que han garantizado el orden y el bienestar de la sociedad por muchos siglos, y como ente multitudinario influyente se opone al desenfreno en todas las áreas de la sociedad, los grandes poderes e intereses económicos se han puesto de acuerdo para hacer lo imposible por destruirla. Pues en el desenfreno han visto una gran mina de oro que quieren explotar, a sabiendas de los grandes peligros y complicaciones que provocarán, como siempre lo han hecho desapercibidamente. Pero, desde sus comienzos hace 2016 años, la Iglesia ha sido perseguida hasta la muerte, pero nada ni nadie ha podido evitar su existencia ni detener su crecimiento y expansión por toda la tierra y su voz jamás podrá ser callada. La historia refleja que cada vez que se ha fomentado la persecución contra la Iglesia, han surgido los más grandes avivamientos que la han hecho crecer de golpe. Por eso, en vez de abrazar el temor, debemos vivir gozosos y orgullosos por las persecuciones según el apóstol Pablo que dijo: "Así que nos sentimos orgullosos de ustedes ante las iglesias de Dios por la perseverancia y la fe que muestran al soportar toda clase de persecuciones y sufrimientos. Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo. Dios que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todo los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos." (2 Tesalonicenses 1:4-10).
Ni los gobiernos, ni las grandes empresas, ni las comunicaciones y tampoco los terroristas actuales podrán detener la Iglesia ni callar su voz, porque es el cuerpo de Cristo y Él ya venció en la cruz del Calvario, es Rey de Reyes y Señor de Señores, tiene todo poder y autoridad sobre la creación y pronto regresará a buscar su pueblo, la Iglesia, para llevarla a reinar con Él.  Jesús le dijo a Simón: "Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella." (Mateo 16:18).  Así que no hay por qué temer si estamos en Cristo, pues aunque muramos físicamente en medio de la persecución y la hostilidad de los hombres en la tierra, nuestra morada y galardón nos espera en el cielo, la vida eterna. Esto mismo le habló Cristo a la iglesia de Esmirna registrada en el libro de Apocalipsis diciendo: "No tengas miedo de lo que estás por sufrir. Te advierto que a algunos de ustedes el diablo los meterá en la cárcel para ponerlos a prueba, y sufrirán persecución durante diez días.  Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida." (Apocalipsis 2:10).
Por eso el apóstol Pablo hizo las siguientes exhortaciones a las iglesias diciendo: "Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. Hagan todo con amor." (1 Corintios 16:13-14). También dijo: "Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz. Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él  fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de Él forman un todo coherente. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz. En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran enemigos. Pero ahora Dios a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación bajo el cielo, y del que yo Pablo, he llegado a ser servidor." (Colosenses 1:9-23).
Eduardo Figueroa Aponte

miércoles, 22 de junio de 2016

¿Por qué confiamos en Dios?

Son muchos los que por alguna razón creen en Dios. La mayoría de la población en Puerto Rico cree en Dios, por las costumbres y tradiciones que nos ha legado nuestra cultura, o simplemente creen en Él por la necesidad espiritual de nuestra naturaleza (que siempre busca creer en algo superior a la humanidad, a lo que termina rindiéndole culto de forma implícita). Esta realidad podría plantearnos la razón por la cual la mayoría de los creyentes tienen ideas erróneas de quién es Dios y de cómo Él se relaciona con nosotros. Y es que cuando heredamos patrones culturales (especialmente religiosos), no mostramos interés en investigar nuestro trasfondo histórico, (en este caso la Biblia), pues creemos que con practicarlo por herencia es suficiente. Es por eso que muchos creen y afirman que son cristianos, pero en realidad no saben lo que dicen ni lo entienden, pues no tienen una relación con Dios e ignoran esta realidad y cómo funciona. En realidad sólo se acuerdan de Él cuando pasan por momentos de dificultad, pues han aprendido que en momentos como esos hay que orar.
Pero, ¿escucha Dios esas oraciones? Podríamos afirmar que Dios siempre está escuchando, pero Él decide cuáles oraciones atenderá. Con regularidad estas oraciones son producto de un mecanismo aprendido por costumbre y que otros dicen que funciona, y deciden usarlo como recurso que resuelva sus problemas (a veces egocéntricos), pidiéndole soluciones a alguien que no conocen y que con frecuencia dudan si existe o no. Sólo los que deciden investigar quién es Dios, llegan a conocer su trasfondo histórico y así chocan con la revelación de su carácter como Creador y Padre, que quiere relacionarse con ellos. Entonces terminan experimentando condiciones (situaciones o circunstancias indispensables para la existencia de otras) que les permiten entrar en el proceso de conocer a Dios y poner su confianza en Él. Así comienza a cambiar su perspectiva de los "problemas", porque el Espíritu Santo da el discernimiento para entender que todo tiene un propósito en el Señor y que Dios pondrá su mano haciendo que todo obre para bien. Cuando el "problema" se resuelve y miran hacia atrás, descubren que tienen un testimonio del amor de Dios y así obtienen la seguridad de que Él está en control y que escucha sus oraciones.  La primera carta de Juan dice: Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido.” (1 Juan 5:14-15)
Este pasaje bíblico habla de condiciones que nos llevan a confiar en Dios. Dice: “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios…”Para llegar a confiar en Dios, es necesario conocerle. ¿Qué es confiar? Es encargar o poner al cuidado de alguien alguna cosa y también es esperar con firmeza y seguridad. Nadie llega a poner su total y plena confianza en alguien que no ha tenido la oportunidad de conocer. Supongamos que a usted le surgió un viaje de emergencia. Su vuelo saldrá en cuatro horas, pero aún no ha llegado a su casa y no ha preparado su equipaje, además debe decidir quién cuidará de su mascota, y no le da el tiempo para llevarla a un hospedaje. De pronto se le ocurre que podría dejarle la llave de su casa a uno que es como su hermano y vecino del lado por veinticinco años, para que cuide su mascota. Pero cuando llegó a su casa, resulta que su vecino no está. Pero al igual que usted, también está llegando otro vecino del frente, que lleva varios años viviendo allí, y usted sólo le conoce de vista y de saludos cordiales. ¿Consideraría usted dejarle la llave de su casa a ese vecino?
Tal vez lo considere y decida hacerlo en su desesperación, pero su viaje será uno lleno de angustia, preocupación e incertidumbre, pues le habrá dejado la llave de su casa a alguien que no conoce bien y que no goza de su confianza. Tal es el caso de aquellos que conocen de Dios pero no lo conocen a Él. Aunque decidan intentar orar al Señor, sus oraciones no están basadas en la fe ni en la confianza que agradan a Dios. Así lo establece el autor de la carta a los Hebreos cuando dice: “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.” (Hebreos 11:6). Y ¿quiénes son los que buscan y agradan a Dios? El mismo capítulo cinco de la primera carta de Juan dice que aquellos que hacen su voluntad: “En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir,  porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:3-5). Así que para llegar a conocer a Dios y confiar en Él, primero hay que reconocer que Jesús es el Hijo de Dios y que vino a pagar por nuestros pecados, hay que arrepentirse y vivir conforme a los mandamientos de Dios.
Y ¿por qué tengo que conocer a Dios reconociendo que Jesús es su Hijo? El apóstol Pablo responde a esta pregunta en la carta a los colosenses diciendo: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.” (Colosenses 1:15-20). Así que Dios ha dispuesto que nos acerquemos a Él y le conozcamos por medio de Jesús, y así estaremos en la condición necesaria, que nos hará vencer al mundo, porque habremos nacido de Dios y siendo reconocidos como hijos podemos poner nuestra confianza en Él como Padre. Así también como hijos podemos esperar las buenas dádivas que Dios como Padre nos ha concedido, según las expresiones de Jesús en el evangelio de Mateo cuando dijo:  "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y el que llama, se le abre.  ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan! Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas." (Mateo 7:7-12).
El pasaje continúa diciendo: “…que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye”Para llegar a confiar en Dios debemos conocer su voluntad. La afirmación de la primera carta de Juan, sugiere que nuestras peticiones no son escuchadas cuando no se parecen a lo que Dios quiere. Y si todo lo que Dios quiere es para nuestro bien, entonces debemos confiar en que lo que Él no nos ha concedido, no nos hará bien, o no estamos listos para recibirlo.  El autor de Santiago está de acuerdo con esa afirmación al decir: “Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros? Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.»” (Santiago 4:3-6). Cuando examinamos la mayoría de nuestras peticiones delante del Señor, y las confrontamos con la Palabra de Dios, descubrimos que la mayoría de ellas tienen que ver con bienes materiales, que Dios ya ha garantizado bajo promesa. El problema está en que nos llenamos la boca pidiéndole a Dios por cosas pasajeras, mientras Él espera que nos envolvamos en su obra, pidiendo aquello que nos lleva a cumplir con su propósito y voluntad en las cosas eternas.
Cuando pedimos y no recibimos, es porque con toda probabilidad, si Dios nos llegase a complacer con lo que pedimos, terminamos desviados y apartados de Él. Por eso el autor de Santiago acusa a los que pretenden satisfacer sus propias pasiones de adúlteros, porque siempre están pensando sólo en ellos y sus bienes, y su adulterio consiste en que sus pasiones y bienes son el dios a quien ellos adoran. Además termina diciendo que nuestra mayor ayuda es su gracia, cosa que Pablo reitera diciendo en la carta a los romanos: Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.  Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.  Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”. (Romanos 8:26-28). Así que es menester de los creyentes estudiar con diligencia las Escrituras, porque por ellas alcanzamos la condición necesaria para conocer la voluntad agradable y perfecta de Dios, aprendiendo a pedir como conviene aunque a veces nos equivoquemos. Pero los que aprendemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, depositamos toda nuestra confianza en Él.
El pasaje de la primera carta de Juan concluye diciendo: Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido”. Para llegar a confiar en Dios, debemos conocer los testimonios de su fidelidad. Nuestra seguridad de tener lo que hemos pedido, es una expresión que nace del conocimiento de la fidelidad de Dios. Los eventos históricos dan testimonio de todo lo que Dios es, y el mayor de los testigos es el pueblo de Israel. Dios los escogió como el pueblo que daría a conocer su nombre (el Todopoderoso), su carácter (el Santo) y su naturaleza (el Divino Rey de Reyes único y soberano). A ellos les reveló el orden de la creación y su propósito, y el plan de salvación para perdonar la rebelión de la humanidad y librarla del pecado y de la muerte. Dentro de ese plan, Dios hizo promesas a personas escogidas, que tendrían su cumplimiento a su tiempo e hizo anunciar muchas de ellas por medio de algunos a los que llamó profetas. Según ha trascendido la historia, la humanidad ha sido testigo del cumplimiento de casi todas ellas, y decimos casi porque aún esperamos el cumplimiento de las que faltan. Entonces sabemos que Dios es fiel, pues ha cumplido todo lo que ha prometido, sin importar cuán grande o pequeña sea la promesa. De esto da testimonio el libro de Josué diciendo: Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse, sino que cada una se cumplió al pie de la letra. (Josué 21:45 ). El Salmista también afirmó: “Tus promesas han superado muchas pruebas, por eso tu siervo las ama.” (Salmo 119:140). En la carta a los Romanos el apóstol Pablo escribió: “Les digo que Cristo se hizo servidor de los judíos para demostrar la fidelidad de Dios, a fin de confirmar las promesas hechas a los patriarcas,  y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su compasión, como está escrito: «Por eso te alabaré entre las naciones; cantaré salmos a tu nombre.»” (Romanos 15:8-9). La segunda carta del apóstol Pedro también da testimonio diciendo: "Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina." (2 Pedro 1:4). Éstas son sólo algunas porciones bíblicas, de una gran cantidad de ellas que dan testimonio de que Dios es fiel, que cumple sus promesas y que podemos esperar en ellas.
Jesús nos dijo que Dios nos dará cuanto pidamos, como ya leímos en el evangelio de Mateo 7:7-12 y como también dice el evangelio de Lucas 11:9-13. Pero cuando analizamos bien la promesa, en ella vemos el propósito de Dios. También el evangelio de Juan nos ilustra en cuanto a esto, en las palabras de Jesús a sus discípulos diciendo: No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.” (Juan 15:16). Todos los que hemos creído en estos testimonios, hemos sido testigos de que Dios cumple sus promesas y tenemos la certeza de que Dios es fiel, no sólo por los testimonios de otros sino por experiencia propia. Así que cuando conocemos los testimonios de la fidelidad de Dios, éstos facilitan nuestra confianza en Él, porque vemos y experimentamos el cumplimiento de todas sus promesas ,y cuando aprendemos a pedir como conviene, adquirimos la certeza de que recibiremos lo que pedimos porque Dios nos oye.
Confiar en Dios es uno de los retos más desafiantes de la fe, especialmente cuando nos hemos acostumbrado a ser auto suficientes. Pero la realidad es que esa autosuficiencia es el obstáculo que impide a Dios hacer su voluntad y que se cumpla su propósito en nosotros, porque nos ha dado libre albedrío y debemos decidir rendir nuestra voluntad para que se cumpla la voluntad de Dios. Pero sabiendo que debemos experimentar algunas condiciones para lograr poner nuestra confianza en Dios, debemos estar dispuestos a abandonar la autosuficiencia y aprender a vivir confiando en Dios. Por eso debemos hacer un esfuerzo todos los días por conocer más a Dios, buscando intimidar con Él en el estudio de su Palabra, pues en ella Él se ha dado a conocer, y en Jesucristo conocemos su Persona y carácter. También en su Palabra conocemos y entendemos cuál es su voluntad, la cual nos ayuda a visualizar mejor el panorama de su propósito en nosotros, que además nos ayuda a ser obedientes a sus mandamientos. Y cuando tenemos conocimiento de sus testimonios y fidelidad, nuestra fe crece. Así que las condiciones que nos llevan a confiar en Dios son: conocerle, conocer su voluntad, conocer y experimentar su fidelidad.
Eduardo Figueroa Aponte