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jueves, 30 de junio de 2016

Viviendo sin temor, en medio del terror...

Nos ha tocado vivir en la era más activa del terrorismo, en todo el sentido de la palabra. ¿Y qué es terrorismo? El diccionario de la Real Academia Española lo define como: "Dominación por terror; Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror; Actuación criminal de bandas organizadas, que reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretenden crear alarma social con fines políticos." Así que según esta definición, el terrorismo no es solamente un acto violento perpetrado por individuos para provocar terror (método expeditivo de represión revolucionaria o contrarrevolucionaria) y la pérdida de vidas inocentes con fines "religiosos"; sino que todo aquel que pretende dominar, aterrorizar y alarmar a la sociedad de forma organizada e indiscriminada es un terrorista. Por lo tanto, según esta definición, podríamos clasificar a los gobiernos, las más grandes empresas y a muchos de los medios de comunicación como las bandas organizadas más sobresalientes entre los terroristas más influyentes de este tiempo porque a pesar de que no se caracterizan por fines religiosos "ni provocan la pérdida de vidas inocentes con violencia física, (aunque en algunos caso sí)", quieren dominar, aterrorizar y alarmar a la sociedad de forma indiscriminada y sensacionalista, sembrando incertidumbre y temor para tener control de ella.  Pero, ¿qué dice la Biblia acerca del temor? En la primera carta de Juan encontramos lo siguiente: "...Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero." (1 Juan 4:16-19). Así que los que hemos sido perfeccionados en el amor de Dios y vivimos esforzándonos por imitar la vida de Jesús, no debemos vivir en temor y no esperamos castigo, pues su sangre nos limpia de todo pecado, nos ha dado salvación y vendrá a buscarnos para que reinemos con Él en las moradas celestiales para siempre. Ésta es Su promesa, y es nuestra esperanza.  En esa misma carta de Juan más adelante dice: "En esto consiste el amor de Dios; en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios?" (1 Juan 5:3-5). Por eso somos más que vencedores y no hay por qué vivir con temor por mucho que soplen los vientos del terror, pues debemos vivir confiando en las promesas de Dios, que son nuestra esperanza.
En estos últimos años, han salido a la luz los fraudes y vicios ocultos de varios gobiernos. Éstos, junto a las grandes empresas, que son los más grandes intereses económicos, y muchos de los medios de comunicación han manipulado la información para disfrazar, favorecer y adelantar las agendas ocultas de algunos, que invierten mucho dinero sobornando y enamorando a los amigos de las ganancias mal habidas, para poner en marcha sus maquinaciones ambiciosas y egoístas aunque afecten perniciosamente a la sociedad. Utilizan la psicología a través de los medios de comunicación (periódicos, revistas, noticieros, televisión, redes sociales, billboards etc.), para introducir sus ideas y planes como un virus infeccioso que al principio no provoca síntomas, pero termina convirtiéndose en una epidemia mortífera. Ese virus menoscaba sutilmente el carácter de los individuos, y les va debilitando sus sistemas de defensa (principios y valores), fundamentales para el buen funcionamiento de la sociedad, y terminan completamente infectados y resignados a vivir así el resto de sus vidas, esperando que el tratamiento para su enfermedad, algún día sea provisto por aquellos que de forma infiltrada se la ocasionaron premeditadamente y para el beneficio de algunos.
La manipulación es tan efectiva que la gente nunca llega a entender que los daños colaterales son fatales, y se suman a las campañas a favor del virus y la enfermedad enérgicamente. Pues al fin y al cabo, se acostumbran a vivir con los síntomas que ya ven como naturales y normales, sin darse cuenta de que están firmando su sentencia de muerte y procuran animar a otros que también la firmen, sin saber lo que hacen. Y es que en este tiempo a nadie le interesa medir las consecuencias a largo plazo, queremos vivir el hoy y el ahora, sin considerar los problemas que estamos provocando para nuestras generaciones futuras, nuestros hijos. Ésta es la única forma en que estos terroristas pueden lograr con éxito llevar a cabo sus planes, pues de no ser así, nadie estaría de acuerdo con ellos. Y estamos hablando de forma metafórica y también literal. Pues la epidemia mortal ocurre en las mentes y los corazones de una sociedad que ha sido trastornada por la manipulación, pero también convalece de forma física, sufriendo el estrés que produce tener que vivir constantemente contra la pared, entre lo que queremos y creemos, versus lo que nos quieren imponer. Algunos terminan queriendo quitarse la vida al no saber manejar estas crisis, otros mueren enfermos como resultado de los efectos secundarios que provocan las muchas violaciones que los gobiernos y las grandes empresas cometen contra el medio ambiente y las consecuencias que producen.
Nos agobian por todos lados con la información que quieren promover, esencialmente si favorece algún proyecto que generará millones de dólares a la economía de los que están arriba, pero contribuyen a desgraciar la vida de los que estamos abajo, empobreciéndonos y enfermándonos cada vez más. Logran convencer a la gente de falsas realidades para que las masas bailen al ritmo que ellos quieren tocar. Provocan un caos de todo, exagerando la información de algunos eventos para elevar sus rangos de visibilidad, a veces con tragedias, otras veces fomentando el adelanto de causas particulares, enalteciendo más los argumentos de una parte del debate y menospreciando y silenciando los argumentos de la otra parte, buscando incriminar los errores de algunos que gastan su vida trabajando por el bienestar de la sociedad, pero no son capaces de aplaudirles ni reconocerles todo el bien que han hecho, todo depende de la motivación del medio y las agendas políticas. Así hacen con la Iglesia, que no es una estructura con cuatro paredes, es el pueblo de Dios, que también es parte de la sociedad alrededor del mundo.
La mayoría de la gente en Puerto Rico piensa que la separación de Iglesia y Estado, hace de la Iglesia un ente extraño y aparte del resto de la sociedad que no tiene voz ni voto. Pues para todos aquellos que estén dentro de este grupo, sepan que esa estipulación se encuentra en el Artículo II de la Carta de Derecho en la Sección 3 (Libertad de Culto), de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Esta sección se incluyó allí con el fin de proteger y garantizar el derecho a la libertad de culto de toda religión y coartar el poder del Estado de querer entrometerse en la institucionalidad y el ejercicio del culto religioso, y por eso hay completa separación de Iglesia y Estado, para proteger a la Iglesia del Estado, no al revés. Nuestra Constitución en su gran mayoría está basada en valores Bíblicos que son universales y garantizan el bienestar de los seres humanos, además la Biblia dice así de las naciones:  "Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió su heredad. El Señor observa desde el cielo y ve a toda la humanidad; él contempla desde su trono a todos los habitantes de la tierra. Él es quien formó el corazón de todos, y quien conoce a fondo todas sus acciones. No se salva el rey por sus muchos soldados, ni por su mucha fuerza se libra el valiente. Vana esperanza de victoria es el caballo; a pesar de su mucha fuerza no puede salvar. Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor; él los libra de la muerte, y en épocas de hambre los mantiene con vida. Esperamos confiados en el Señor; él es nuestro socorro y nuestro escudo. En él se regocija nuestro corazón porque confiamos en su santo nombre. Que tu gran amor, Señor nos acompañe tal como lo esperamos de ti." (Salmos 33:12-22).
La Iglesia (el pueblo de Dios) es parte de la sociedad y también paga contribuciones. Por eso tiene derecho a expresarse libre y deliberadamente, como lo hace todo ciudadano y toda institución, aunque muchos quieran callarla. Pero, como pertenece a esa parte de la sociedad que cree en los principios y valores tradicionales que han garantizado el orden y el bienestar de la sociedad por muchos siglos, y como ente multitudinario influyente se opone al desenfreno en todas las áreas de la sociedad, los grandes poderes e intereses económicos se han puesto de acuerdo para hacer lo imposible por destruirla. Pues en el desenfreno han visto una gran mina de oro que quieren explotar, a sabiendas de los grandes peligros y complicaciones que provocarán, como siempre lo han hecho desapercibidamente. Pero, desde sus comienzos hace 2016 años, la Iglesia ha sido perseguida hasta la muerte, pero nada ni nadie ha podido evitar su existencia ni detener su crecimiento y expansión por toda la tierra y su voz jamás podrá ser callada. La historia refleja que cada vez que se ha fomentado la persecución contra la Iglesia, han surgido los más grandes avivamientos que la han hecho crecer de golpe. Por eso, en vez de abrazar el temor, debemos vivir gozosos y orgullosos por las persecuciones según el apóstol Pablo que dijo: "Así que nos sentimos orgullosos de ustedes ante las iglesias de Dios por la perseverancia y la fe que muestran al soportar toda clase de persecuciones y sufrimientos. Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo. Dios que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todo los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos." (2 Tesalonicenses 1:4-10).
Ni los gobiernos, ni las grandes empresas, ni las comunicaciones y tampoco los terroristas actuales podrán detener la Iglesia ni callar su voz, porque es el cuerpo de Cristo y Él ya venció en la cruz del Calvario, es Rey de Reyes y Señor de Señores, tiene todo poder y autoridad sobre la creación y pronto regresará a buscar su pueblo, la Iglesia, para llevarla a reinar con Él.  Jesús le dijo a Simón: "Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella." (Mateo 16:18).  Así que no hay por qué temer si estamos en Cristo, pues aunque muramos físicamente en medio de la persecución y la hostilidad de los hombres en la tierra, nuestra morada y galardón nos espera en el cielo, la vida eterna. Esto mismo le habló Cristo a la iglesia de Esmirna registrada en el libro de Apocalipsis diciendo: "No tengas miedo de lo que estás por sufrir. Te advierto que a algunos de ustedes el diablo los meterá en la cárcel para ponerlos a prueba, y sufrirán persecución durante diez días.  Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida." (Apocalipsis 2:10).
Por eso el apóstol Pablo hizo las siguientes exhortaciones a las iglesias diciendo: "Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. Hagan todo con amor." (1 Corintios 16:13-14). También dijo: "Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz. Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él  fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de Él forman un todo coherente. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz. En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran enemigos. Pero ahora Dios a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación bajo el cielo, y del que yo Pablo, he llegado a ser servidor." (Colosenses 1:9-23).
Eduardo Figueroa Aponte

miércoles, 1 de junio de 2016

Implicaciones de ser discípulo...

     
¿Qué significa ser discípulo? Según el Diccionario de la Real Academia Española significa: "Persona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro; Persona que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la establecieron." Muchas de esas escuelas nacen de mitos o raíces filosóficas y especulativas. Pero el cristianismo es una escuela que no puede compararse con ellas, pues está basada en hechos verídicos que cambiaron el curso de la historia.  Contrario a las escuelas filosóficas de antaño, especialmente las griegas, que otorgaban a sus discípulos gran prestigio y renombre, la escuela del cristianismo no concede ningún "glamour"a sus discípulos. Y es que ser discípulo de Jesucristo implica renunciar a nuestro libre albedrío y someternos a su voluntad.  No son muchos los que están dispuestos a esto, pero así lo dejó establecido cuando dijo: Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.”  (Mateo 16: 24-25)

     Las palabras de Jesús a sus discípulos tienen un carácter profético, pues son la revelación de Dios que envuelve una enseñanza, que no fue exclusiva para aquellos doce, sino que sus palabras están vestidas de eternidad y también fueron dirigidas a sus futuros discípulos, nosotros. Cuando hemos conocido la revelación de Dios por su Palabra, reconocemos que Él tiene un plan, y ese plan fue diseñado exclusivamente para nosotros (nuestra salvación por medio de Jesucristo). Sin embargo, por lo general los seres humanos tendemos a gestionar nuestros propios planes, y con toda probabilidad éstos sólo son para nuestro beneficio y también nos llevan a la perdición, porque pocas veces o ninguna, incluimos a Dios en ellos. Y es que estamos más ocupados trabajando por lo terrenal y pasajero, que por lo espiritual y eterno. Con mucha regularidad osamos en cuestionarle y reclamarle a Dios, cuando nuestras circunstancias no se parecen a los resultados que esperamos de nuestros planes. Pero, ¿tuvo Dios participación en el desarrollo de nuestros planes? ¿Hemos prestado atención al plan que Dios ha revelado a nuestras vidas? Cuando nuestros planes no guardan relación con el plan de Dios, con toda probabilidad experimentaremos circunstancias difíciles. Dios las permitirá, pues con ellas logrará que regresemos a Él, para mostrarnos el camino que nos llevará al cumplimiento de su plan en nosotros. ¿Y qué nos pedirá el Padre? Que sigamos a aquel que nos ha mostrado el camino, nuestro Maestro y Redentor Jesucristo. Por eso en las palabras que Él dirigió a sus discípulos, he identificado tres elementos del carácter que deben desarrollar aquellos que quieran convertirse en verdaderos discípulos de Jesús.  Estos elementos nos llevarán a ser como nuestro Maestro, para cumplir con el plan del Padre. 

     Elemento #1 (LA OBEDIENCIA) "Si alguien quiere ser mi discípulo…"
¿Qué es obedecer? Es cumplir la voluntad de quien manda. Jesús utiliza esta premisa para plantear algunas condiciones. El que quiere ser discípulo de Jesús, aunque haya sido llamado por Él: 1- Tiene que decidirlo libre y voluntariamente; 2- Tiene que estar atento para entender y seguir las instrucciones del Maestro; 3- El buen discípulo demuestra que es apto poniendo en práctica lo que su Maestro le ha enseñado. Entonces, ¿qué sucede cuando obedecemos las órdenes del Maestro? En la carta a los Romanos el apóstol Pablo nos ilustra diciendo: "¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida”. (Romanos 6:16). Aquí el apóstol Pablo expone uno de los principios básicos y cualitativos (una cualidad) necesarios para el ministerio, obedecer. Esto es un deber, no es opcional. El autor de la carta a los Hebreos nos presenta este deber poniendo a Jesús como ejemplo, al decir: "Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen…”. (Hebreos 5:8-9). Por eso nosotros, siendo hijos por adopción, nuestro Padre permitirá que el sufrimiento sea el instrumento que nos enseñe a obedecer y nos lleve a la perfección, a semejanza de nuestro Maestro. El apóstol Pedro también confirma este hecho diciendo: Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos, ámense de todo corazón los unos a los otros. (1 Pedro 1:22). En el evangelio de Juan, leemos en palabras de Jesús: Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”. (Juan 15:10-11). En el libro de Apocalipsis también encontramos la exhortación a la obediencia:¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!(Apocalipsis 14:12). Entonces, ¿por qué la obediencia es tan importante? En la Biblia encontramos que toda la creación obedece los mandamientos de Dios, los cielos, vientos, el mar, los animales, los espíritus malignos, TODO. Pero la desobediencia de Lucifer ocasionó su expulsión del reino de los cielos e hizo uso de artimañas para hacer que los hombres, la máxima creación de Dios por ser a su imagen y semejanza, también fueran expulsados del paraíso. Así que no cabe duda de que un elemento necesario en el carácter para ser discípulo de Jesús, es la OBEDIENCIA.

      Elemento #2 (EL SACRIFICIO) "Tiene que negarse a sí mismo…"
¿Qué es sacrificio? Es un acto de abnegación (renunciar voluntariamente a los propios deseos, pasiones o intereses, en favor de otros) inspirado por la vehemencia (ardor y llenura de pasión) del amor. Jesús les dio una orden que Él mismo pondría en función muy pronto, al negarse a sí mismo, para padecer en la cruz, dando su vida por amor a nosotros. Si a Jesús que es nuestro maestro le costó la vida someterse al plan y al propósito de Dios, a nosotros sus discípulos también nos va a costar. En la carta a los Filipenses el apóstol Pablo resume este hecho de forma poderosa diciendo: La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”. (Filipenses 2:5-8). 
     Hagamos un paréntesis para reconocer esta instrucción de "negarse a sí mismo", mirando tres potenciales candidatos a ser discípulos de Jesús. Los primeros dos los encontramos en el evangelio de Mateo cuando leemos lo siguiente: Se le acercó un maestro de la ley y le dijo: —Maestro, te seguiré a dondequiera que vayas. —Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos —le respondió Jesús—, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Otro discípulo le pidió: —Señor, primero déjame ir a enterrar a mi padre. —Sígueme —le replicó Jesús—, y deja que los muertos entierren a sus muertos.” (Mateo 8: 19-22). El primero, como maestro de la ley, debe estar dispuesto a sacrificar sus comodidades y lujos, y vivir siendo suplido con lo necesario. Debe entender que al seguir a Jesús enfrentará dificultades. Por eso en el evangelio de Juan encontramos que Jesús les dijo: Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33). El segundo ha sido llamado por Jesús y está muy dispuesto, pero indeciso y preocupado por las cosas de este mundo. Jesús le establece un nuevo orden de prioridades, el reino de Dios es primero y el de la tierra después. No quiere decir que se olvide de su padre, pero él ha vivido ocupándose toda su vida por el reino terrenal y ha descuidado el reino celestial. Dios no le privará de cumplir su deber con su padre a su tiempo, y proveerá de recursos para que esté bien atendido mientras trabaja para las cosas eternas.  Por eso Jesús también les dijo: Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. (Mateo 6:33) 
     El tercero es el joven rico del evangelio de Marcos, que acercándose a Jesús y postrándose ante Él le preguntó sobre lo que debía hacer para ganar la vida eterna. Jesús le recordó los mandamientos y el joven asegura haber cumplido con ellos, entonces Jesús lo miró con amor y añadió: —Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el hombre se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas”. (Marcos 10:21-22) Y más adelante Pedro pregunta y Jesús responde: “—¿Qué de nosotros, que lo hemos dejado todo y te hemos seguido? —comenzó a reclamarle Pedro. —Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por mi causa y la del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o terrenos, recibirá cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna”. (Marcos 10:28-30). Aquí Jesús no está condenando al joven por ser rico, pues no hay nada de malo en que trabajemos y ganemos el pan con el sudor de nuestra frente y seamos bendecidos con abundancia de pan y disfrutemos de ella, pues es un mandato de Dios. Pero en el caso del joven rico, (que es el caso de muchos de aquellos que alcanzan tal abundancia de pan) "sus riquezas" se convirtieron en su dios, y la respuesta de Jesús le confrontó con la realidad de su corazón. En el evangelio de Mateo Jesús ordena: "No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten  a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón." (Mateo 6:19-21).  
     En el Antiguo Testamento de la Biblia, el sacrificio de animales (siendo el ganado sinónimo de abundancia) era un acto de gratitud y adoración a Dios. Pero en la actualidad nuestro sacrificio debe manifestarse de otra manera, pues los (lujos y los placeres, siendo el sinónimo de abundancia) son los que deben ser sacrificados en un acto de gratitud y adoración a Dios, especialmente cuando éstos ocupan la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzo. En la Biblia encontramos al rey Salomón, de quien se dice que no hubo ninguno ni habrá otro como él sobre la tierra en sabiduría y en riquezas. Muchos afirman que él es el autor del libro de Eclesiastés, en el que reflexiona acerca de su vida, ya en una etapa avanzada en edad, y allí encontramos que exclama lo siguiente: "Me engrandecí en gran manera, más que todos los que me precedieron en Jerusalén; además la sabiduría permanecía conmigo. No le negué a mis ojos ningún deseo, ni a mi corazón privé de placer alguno, sino que disfrutó de todos mis afanes. ¡Sólo esto saqué de tanto afanarme! Consideré luego todas mis obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y vi que todo era absurdo, un correr tras el viento, y que ningún provecho se saca en esta vida." (Eclesiastés 2:9-11). Ciertamente esta declaración expone el corazón de un hombre que reconoce que todo lo que hizo por satisfacer los anhelos de su corazón, nunca llegaron a satisfacerle del todo, pues en medio de todo eso, descubrió que había provocado un vacío, cuando todos sus afanes terminaron por estrangular su relación con Dios.  Por eso Jesús dijo: "Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas." (Mateo 6:24).  
     Decía el Dr. Samuel Solivan, el teólogo exponente en una conferencia sobre discipulado a la que asistí, que hay una gran diferencia entre ser un discípulo y ser un seguidor de Jesús.  En los tiempos que Jesús desarrolló su ministerio en la tierra, tuvo muchos seguidores (multitudes), pero pocos discípulos.  Y es que en el entorno judío los discípulos y los seguidores escogían a sus maestros. Pero, Jesús rompió con ese paradigma, pues era él quien escogía y llamaba a sus discípulos.  La mayoría de sus seguidores terminaron apartándose de Él, cuando fueron confrontados con los requisitos y valores necesarios para entrar en el reino de Dios. Sólo los discípulos tuvieron el carácter necesario para continuar el ministerio de Jesús, una vez Él fue llevado al cielo luego de su resurrección. Si Jesús nos ha llamado, es porque ha visto en nosotros candidatos para ser sus discípulos. Pero es necesario soltar y entregar nuestras agendas para que Dios las diseñe y las dirija. Hay que evitar tener el corazón dividido entre las cosas de este mundo y las del reino de Dios. Todo esto cuesta. Aunque nuestros planes sean buenos, los planes de Dios siempre son mejores y perfectos, pues están amarrados a su propósito. Por eso, otro elemento necesario en el carácter para ser discípulo de Jesús, es el SACRIFICIO. 

     Elemento #3 (ENTREGA) "Tomar su cruz y seguirme…"
¿Qué es entrega? Es atención, interés, esfuerzo en apoyo a una o varias personas, a una acción o a un ideal. No existe un mayor ejemplo de entrega que la vida misma de Jesús. La Biblia nos muestra a un Jesús enfocado y apasionado desde su niñez, por hacer cumplir el propósito del Padre, y entregó todo su ser por amor a nosotros. Muchas veces nos envolvemos en tantas cosas para la obra del Señor, que no sacamos el tiempo necesario para atender el plan diseñado por el Padre para nosotros. En esas cosas desarrollamos una zona tan cómoda, de la cual no queremos salir, y terminamos perdiendo el enfoque y olvidando el propósito para el cual fuimos llamados. Al Maestro le costó cargar su cruz (de forma metafórica y literal) y cumplir con el propósito del Padre. A nosotros, si somos buenos discípulos, también nos tiene que costar. ¿Cuál es la cruz que nos toca tomar? Debemos rendir/entregar nuestras vidas a los pies del Padre, para que por Él abunde nuestro amor por el prójimo, y así como Jesucristo rindió su vida por nosotros, podamos rendir las nuestras por el prójimo. Así cumplimos el propósito del Padre. Y podemos pensar que ya le hemos entregado nuestras almas al Padre por medio de Jesús, pero hay algo más… con frecuencia nos reservamos mucho de nuestras vidas que hay que rendir. Rendir nuestras vidas implica (sujetarnos, someternos, obligarnos, dar fruto, ser útiles) al propósito del Padre, no al nuestro. ¿Qué significa “Tomar su cruz” para todo el que quiera ser discípulo de Jesús? La respuesta la encontramos en la entrega que Jesús demuestra en varios pasajes bíblicos que exponen la pasión con la que sigue su plan de trabajo:
No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento”. (Mateo 15:17). Cuando trabajamos por cumplir lo que dice la escritura de nosotros, enfrentaremos críticas y falsas acusaciones, esto es parte de la cruz que nos toca tomar, pues Jesús cargó con ella durante todo su ministerio.  Así quedó demostrado en los evangelios cuando Jesús se sentó a comer con gente que no gozaba de muy buena reputación: Cuando los fariseos vieron esto, les preguntaron a sus discípulos: —¿Por qué come su maestro con recaudadores de impuestos y con pecadores? Al oír esto, Jesús les contestó: —No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. Pero vayan y aprendan lo que significa: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.  Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores.(Mateo 9:11-13)  El evangelio de Lucas añade "No he venido a llamar a justos sino a pecadores <para que se arrepientan>."(Lucas5:32). Pecamos por omisión cuando nos cohibimos de hacer lo que el Espíritu Santo nos inspira, sólo porque otros pueden malinterpretar lo que hacemos. Jesús hizo lo que había que hacer impulsado por el propósito del Padre, no por lo que otros pudieran pensar. A veces nos desvivimos más por guardar nuestro testimonio o nos escudamos detrás de él para librarnos de nuestras responsabilidades, en vez de trabajar por aquello para lo cual fuimos llamados.  El testimonio que damos al mundo es muy importante, pero más importante es hacer la voluntad de Dios aunque otros no lo entiendan. Con regularidad podríamos pensar: (...que no me vean entrando aquí; y qué pasaría si me ven hablando con tal o cual persona, me van a criticar si me ven pasando por tal lugar; si me ven con esta gente y se lo dicen al pastor me van a poner en disciplina, etc.) Es hora de dejar atrás los prejuicios que buscan la aprobación de los hombres y comenzar a trabajar en la obra que se nos encomendó y agradar a Dios. Si usted está haciendo la voluntad de Dios guiado por el Espíritu Santo, que no le importe lo que piensen los demás, cargue su cruz con gozo, alegría y entrega, porque la única opinión que cuenta, es la del Padre que nos envió y Él nos exaltará. 
     Como parte de la cruz que llevaremos, enfrentaremos conflictos y oposición en todos los escenarios de nuestras vidas, aun dentro de la iglesia y nuestras familias. Bajo estas circunstancias probamos nuestro carácter, nuestra fe y entrega, cuando avanzamos firmes hacia la meta sin importar lo que se presente en el camino. Así lo expuso Jesús cuando dijo: »No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada. Porque he venido a poner en conflicto al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familia”. »El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que la pierda por mi causa, la encontrará.(Mateo 10:34-38). Y no es que Jesús haya venido literalmente a traer la espada, es que su venida provocó todos estos conflictos. Como discípulos de Jesús, nos tocará soportar los resultados de esos conflictos, tomando decisiones duras y renunciando a los impulsos que provocan nuestros sentimientos, para hacer la voluntad del Padre. Así lo hizo Jesús antes de su captura para ser juzgado y oró al Padre: "Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (Mateo 26:39).  
     El evangelio de Lucas muestra a Jesús suprimiendo sus deseos de ver el castigo que sufrirán los enemigos del Padre, y decidió esperar pacientemente el tiempo designado, soportando su angustia y sufriendo la prueba para dar cumplimiento al propósito del Padre. He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Pero tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y ¡cuánta angustia siento hasta que se cumpla!” (Lucas 12:49-50). Esto contrasta con la cultura de escape que se ha desarrollado dentro de muchos sectores de la iglesia, que escudándose en la esperanza de que Jesucristo regresa pronto, se han sentado a orar por que regrese ya y no mueven un dedo por cumplir con su propósito y responsabilidad aquí en la tierra hasta que Él venga. Pero mediante una parábola Jesús dijo: "Dichoso el siervo cuyo señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo con su deber." (Lucas 12:43). La entrega de nuestro Maestro se vio reflejada en su constante énfasis de cumplir con la agenda que trajo desde el cielo, interrumpiendo así todo lo que estuviera deteniendo su ministerio. El evangelio de Marcos lo registra narrando: "Jesús respondió: —Vámonos de aquí a otras aldeas cercanas donde también pueda predicar; para esto he venido". "Jesús andaba de un lugar para otro buscando cumplir el propósito del Padre." (Marcos 1:38)  Si el mensaje de Jesús fue rechazado (especialmente por sus líderes religiosos), ¿por  qué muchas veces pretendemos medir el éxito de nuestras campañas de evangelización, por la aceptación te tenga el mensaje o la cantidad de personas que lo aceptaron? La realidad es que siempre habrán personas y grupos que nos rechacen, nuestra responsabilidad es anunciar el mensaje del evangelio, y el Espíritu Santo se encarga de convencerlos. Jesús le reprochó este hecho a sus líderes religiosos diciendo: Yo he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me aceptan; pero si otro viniera por su propia cuenta, a ése sí lo aceptarían”.  (Juan 5:43). Así que es de esperarse que a nosotros tampoco nos crean. La vida de nuestro Maestro estuvo llena de retos, peligros, rechazos y persecuciones, que pueden hacer renunciar al más santo. A esto se refirió Jesús cuando dijo “Tome su cruz y sígame”, porque si pretendemos ser buenos discípulos de Jesús, tendremos que ser entrenados y probados igual que Él, para que se cumpla el propósito del Padre. Todo esto demuestra que definitivamente uno de los elementos necesarios en el carácter para ser discípulo de Jesús es ENTREGA.

     Nadie dijo que seguir a Jesús es fácil. Pero lastimosamente, por muchos años la Iglesia ha proyectado la vida cristiana como una sociedad en la cual se predica teología de mantenimiento, con tal de no perder su feligresía. Pero la Palabra de Dios nos ha confrontado con 3 elementos que han estado ausentes en nuestro carácter como cristianos: OBEDIENCIA, necesaria para seguir instrucciones, aprender y poner en práctica la enseñanza del Maestro; SACRIFICIO, necesario para llegar a cumplir el propósito y llegar a la meta establecida en el plan del Padre. ENTREGA, necesaria para trabajar con la mirada puesta en el propósito y plan del Padre, sin desmayar ante la adversidad hasta que Él venga. Y aunque nadie dijo que era fácil, vale la pena ser discípulo de Jesús, pues nuestro Maestro ha prometido diciendo:
>  “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.  (Mateo 28:18-20) 
>  "…en este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.(Juan 16:33)
>  “Al que salga vencedor le daré derecho a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios”.  (Apocalipsis 2:7) 
>  “…se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida…” (Apocalipsis 3:5)
>  "…le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono…(Apocalipsis 3:21) 
     Después de considerar todas esta cosas... ¿Consideras que eres discípulo de Jesús, o eres un seguidor? Dios nos ha llamado a ser discípulos no seguidores.  Anímate, nuestra recompensa nos espera en la presencia del Rey de Reyes y Señor de Señores!  A Él toda la gloria.  



Eduardo Figueroa Aponte

jueves, 26 de mayo de 2016

Crisis de fe...

     
Aunque muchos no saben ni entienden lo que es la fe y tratan de ridiculizarla... La verdad es que es un fenómeno universal que todos ejercitamos, tanto en el entorno físico/secular como en el entorno espiritual/religioso. Aunque este fenómeno resulta un tanto paradójico. Pues por fe aceptamos y creemos muchas cosas a ciegas y no las cuestionamos porque de alguna manera nos aportan algún bien o simplemente no nos afectan.  Pero por otro lado, nos cuesta muchísimo esperar con paciencia que se materialice lo que hemos creído y esperamos porque Dios lo ha prometido, especialmente cuando vivimos situaciones límites, difíciles de manejar y de entender. Para los cristianos la fe es un regalo de Dios para salvación; "Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte." (Efesios 2:8). Este regalo nos permite experimentar el cumplimiento de todas sus promesas en nuestras vidas, convirtiéndose éstas en testimonios poderosos que nos hacen permanecer firmes en Él. 

   Y aunque muchos intelectuales persisten en hacer preguntas estrictamente racionales y esperan respuestas específicas sobre nuestra fe, por mucho que tratemos de explicarles y hacerles entender, si no son espirituales, la razón no les servirá de mucho. La fe cristiana es un don de Dios que se manifiesta de forma espiritual, cosa que los estrictamente intelectuales jamás serán capaces de entender. Porque el que es espiritual cree por fe y no necesita pruebas ni evidencias de lo que cree, aunque su razón ya ha validado la realidad espiritual. Así lo establece el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios diciendo: "Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios. Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido. Esto es precisamente lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales.  El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente. En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, aunque él mismo no estás sujeto al juicio de nadie, porque ¿quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo? Nosotros, por nuestra parte, tenemos la mente de Cristo." (1 Corintios 2:10:16) 

   Son muchas las cosas que ni siquiera la ciencia ha podido explicar del todo, especialmente de nuestro entorno natural y nuestra procedencia y jamás lo podrá hacer. Porque si Dios permitiera que los hombres lo supieran todo, estaría confiriéndole a la humanidad uno de sus inigualables atributos, la omnisciencia. ¡Qué peligro! Así que sólo aquel que tiene algo de fe, es terreno fértil para que el Espíritu de Dios se manifieste revelando las verdades espirituales. Y cuando el Espíritu de Dios ha revelado sus verdades a nuestro espíritu, entonces estamos capacitados para decidir cultivar nuestra relación espiritual con Dios, porque Dios es Espíritu. Por eso podemos renunciar a nuestras vidas y permitir que Él haga su voluntad en ellas. Yo soy testigo de las grandes cosas que se experimentan al confiar y creer en que el Dios de lo imposible, hace las cosas posibles.  Sólo hace falta creer. Creer que sus promesas se cumplirán en nosotros, aunque lo que vemos de frente no se parece a lo que esperamos "Vivimos por fe, no por vista." (2 Corintios 5:7). Creer que "Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito." (Romanos 8:28). Jesús dijo: "Para el que cree, todo es posible." (Marcos 9:23). En la carta a los Hebreos, encontramos un inigualable resumen bíblico de la historia de la fe desde tiempos inmemorables. Para entender con claridad muchas de las expresiones del capítulo que veremos a continuación, hace falta conocer las historias bíblicas citadas en él. Son los testimonios de aquellos que vivieron creyendo que Dios es Todopoderoso, hacedor de maravillas, milagros y prodigios en todo aquello que se sale de nuestro control, y que consideramos imposible.  El relato y definición de fe en esta carta, debe llevarnos a contrastar y examinar lo que entendemos y practicamos por fe en nuestros tiempos. Dice así:
"La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: «Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.» Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rajab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor." (Hebreos 11)

   Este resumen nos confronta con la realidad de fe que vivimos hoy. Pues la fe de todos estos hombres y mujeres de Dios descritos en la carta, pareciera estar extinta en este tiempo. Ellos entendían muy bien lo que Santiago expuso en su carta cuando dijo: "Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, sino tiene obras?..." "...Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta." (Santiago 2:14;26) Muchos de estos testimonios de fe estaban amarrados a la obediencia. Cuando obramos conforme al propósito y a la voluntad de Dios, entonces demostramos la verdadera fe.  Pues cuando vivimos confiando que el plan que Dios diseñó para nuestras vidas es agradable y perfecto, llegamos a experimentar la plenitud y el gozo que hay de vivir agradándole a Él, llegando a ser parte de aquellos que Jesús profetizó diciendo que "los verdaderos adoradores rendirían culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren." (Juan 4:23). Pero contrario a lo que muchos piensan, la fe cristiana es sacrificada.  Me gusta mucho un dicho popular que dice: "La fe no hace las cosas fáciles, hace las cosas posibles". Pero hay que estar dispuestos a sufrir las consecuencias de vivir en oposición a lo que el mundo pretende imponer. ¿Estaremos dispuestos a sufrir las burlas, los azotes, cadenas y cárceles por nuestra fe? ¿Estaremos dispuestos a ser apedreados, asesinados, andar fugitivos pasando necesidades, afligidos y maltratados por causa de nuestra fe? Aunque todas estas cosas no fueran parte de nuestra realidad, son las consecuencias que sufrieron, y el testimonio que dieron aquellos que por sus obras demostraron su fe, y agradaron a Dios adorándole en espíritu y en verdad. Nuestras obras sirven de testimonio al mundo de lo que Dios ha hecho en nosotros, pero nuestra salvación nos ha sido regalada por la fe. En estos tiempos, sólo por la verdadera fe y el Espíritu que Dios ha puesto en nosotros, llegaremos a hacer aquello para lo cual fuimos llamados. Nuestra fe estará siendo probada ahora más que nunca, procuremos la aprobación de Dios y no de los hombres.  "Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego.  Así también la fe de ustedes, vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele.  Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación." (1 Pedro 1:6-9)  ¡Avivemos nuestra fe!

Eduardo Figueroa Aponte